Diario de León

TRIBUNA

¿Qué herencia dejas a tus hijos?

Publicado por
JAVIER F. HIGARZA FORMADOR Y CONSULTOR TALENT SELECTS
León

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Amediados del siglo XX la mejor herencia que podías dejar a tus hijos era los estudios, posibilitar a tus hijos que cursaran una carrera era garantía de asegurarles la vida. En el último tercio de este mismo siglo la mejor herencia era dejar a tus hijos una casa donde pudiesen vivir, por dos razones, una porque los tendrías cerca de ti y la otra porque se consideraba una inversión. Todo el mundo pensaba que teniendo una casa, en caso de dificultades, te garantizaba poder venderla y afrontar esas dificultades.

Por desgracia en estos momentos del siglo XXI, vemos que ninguna de estas herencias es garantía para ayudar a tus hijos. Sin duda una carrera, una formación, son importantes en este momento, pero en absoluto son garantía de seguridad. En la etapa en que los jóvenes españoles están más y mejor formados podemos ver a miles y miles con estudios superiores en la cola del paro y sin perspectivas de futuro. Y qué podemos decir de dejarles una casa. Hoy en día tener una vivienda en propiedad para un joven es sinónimo de limitar su vida, de anclarlo a un lugar, y eso sin duda acortará sus posibilidades personales y profesionales. Tener una casa en propiedad no garantiza unas posibilidades económicas, o bien la vendes casi regalada o te supone un gasto, además de la limitación psicológica de libertad que supone… ¿Cómo voy a irme a buscar trabajo en otro lugar cuando tengo aquí mi casa?

Entonces, los que somos padres y queremos ayudar a nuestros hijos, ¿qué podemos dejarles en herencia en este siglo XXI? ¿qué aportarles para que puedan mejorar su futuro? Desde mi punto de vista, algo que podemos proporcionar a un hijo y que siempre ha sido útil es posibilitarle el desarrollo de su talento. Y no, no nos debemos confundir y pensar que el talento es lo mismo que facilitarle unos estudios. Sin duda, los estudios ayudan a desarrollar el talento pero los conocimientos son simplemente uno de los aspectos que forman parte del talento.

El talento, que durante muchos años ha sido considerado como la habilidad de una persona para hacer bien algo, es mucho más que esta definición limitante y sesgada. El talento, entendido como máximo desarrollo, conlleva más aspectos que un desarrollo cognoscitivo o una habilidad para hacer algo. A estas alturas del siglo XXI gran parte de las investigaciones efectuadas sobre lo que significa tener talento nos llevan a la conclusión de que el talento es la capacidad de una persona para alcanzar el éxito en su vida. Como indicábamos antes, acabar una carrera o unos estudios superiores o tener una habilidad no supone ni mucho menos tener éxito.

Según estas últimas investigaciones, el concepto de talento que teníamos hasta no hace mucho tiempo asociado a la idea de las aptitudes de una persona, sus competencias y conocimientos, se queda corto y además puede hacer perder las posibilidades de una persona para poder desarrollarlo. ¿De qué nos sirve tener unas capacidades y conocimientos si no somos capaces de ponerlos al servicio de un objetivo, de una meta, en nuestra vida? «Ningún viento es bueno para el barco que no sabe a qué puerto se dirige»: Séneca

¿O de qué nos sirve tener muchas capacidades si no somos capaces de creer en nosotros mismos, de tener la confianza en que, con esos conocimientos y capacidades, podremos realizar nuestros sueños y metas ante un panorama como el actual. Ahora más que nunca es fundamental aprender a confiar en nosotros mismos, ya que cada día oímos cómo nos repiten que en este país no hay futuro. Nos lo podemos llegar a creer y hasta se puede cumplir si no ponemos algo de nuestra parte.

En un estudio exhaustivo que ha realizado la Fundación Everis sobre el talento y que se recoge en un documento que pueden descargar en esta web ( http://www.transformatalento.es/index1/index.php/es ), la mejor definición de talento que se puede dar hoy en día se podría expresar con una fórmula: Talento = (C + V) x A. Donde la C corresponde a los conocimientos y capacidades de una persona, la V serían los principios y valores y la A serían las actitudes, cómo esa persona afronta y actúa sobre la vida.

Siguiendo esta misma línea, un reconocido filosofo y pensador español actual, José Antonio Marina, dice que el talento es la inteligencia triunfante de una persona, la inteligencia de quien sabe elegir sus metas y movilizar sus conocimientos y capacidades, además de las emociones positivas, para conseguir su meta en la vida y alcanzar de esta manera el éxito.

Según esto, una persona solo desarrolla verdaderamente su talento cuando da una serie de pasos en su vida. El primero: encuentra un objetivo en la vida que lo apasiona; el segundo: se esfuerza en desarrollar todos los conocimientos y capacidades que posee para alcanzar ese objetivo (apoyado en unos valores personales) y el tercero: es capaz de ponerse en acción para conseguir ese objetivo, con pasión y una actitud positiva, lo que le dará la fuerza necesaria para alcanzar el éxito.

Sí, soy consciente de que no estamos describiendo nada nuevo, que ya lo han hecho millones de personas a lo largo de la existencia de la especie humana, personas que tuvieron un sueño, creyeron que lo podían conseguir, lucharon por él y al final, después de mucho esfuerzo y superación de dificultades, lo consiguieron. Hablamos de personas que tenían claro que para tener éxito debían tener en su «vocabulario» los términos esfuerzo, sacrificio, lucha, pero también las palabras pasión, coraje, alegría, ilusión, metas.

Debemos pensar que el talento no es cuestión de suerte, que no es algo con lo que se nace y ya está. El talento es cuestión de formación, de desarrollo de un pensamiento positivo sobre uno mismo, de confianza, pero, sobre todo, de entrenamiento. Un gran deportista nace con ciertas capacidades que le posibilitarán llegar a serlo, pero será el descubrimiento de esas capacidades, la pasión por llegar a serlo, la confianza para vencer las dificultades y sobre todo el entrenamiento diario lo que le posibilitaran el éxito.

Esto mismo es posible desarrollarlo en nuestros hijos, podemos formarlos para que tengan éxito en la vida. Para ello, lo primero, ayudarles a dar los pasos que hemos descrito anteriormente. Pero, sobre todo, hay que ayudarles a descubrir en ellos las actitudes necesarias para conseguir su sueño: pasión, confianza, esfuerzo, sacrificio, responsabilidad, etc., y hacerles ver que son entrenables. Con ello conseguiremos proporcionar a nuestros hijos la seguridad y el pensamiento positivo que les harán falta para creer en su sueño y lanzarse en pos de su consecución. Lo que les llevará a vivir una vida llena de confianza, de pasión por lo que hagan, sintiendo el orgullo de quien lucha cada día por ser lo mejor que puede ser. Díganme si con esta herencia sus hijos no podrían afrontar cualquier circunstancia o dificultad en la vida, sino es la mejor herencia que un padre puede dejar a su hijo.

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