Diario de León
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León

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Q ué demonios buscará Iker Jiménez y su equipo de Cuarto Milenio en el Valle del Silencio? Tal vez otra historia bucólico-exotérica del Bierzo que acaso atraiga a algún pequeño regimiento de frikies a la cueva de San Genadio a ver si así vamos engordando nuestro magro producto interior turístico. En realidad en los tiempos que corren hoy en día en la capital de la Costa del Sil resulta mucho más fácil encontrar algo de bullicio y trasiego de gente en la senda que conduce desde Peñalba de Santiago hasta la cueva de aquel maniático monje eremita que no podía rezar y que con un severo «cállate» cuentan que logró que el rumor del sonido de los arroyos se apagase, que a última hora de la tarde del sábado de vinos por la plaza Fernando Miranda o de compras por la vereda de la avenida de España, donde ya no se encienden ni las luces de los pocos escaparates que no aparecen fracturados por el lema tan fatídico como de moda: «Se liquida». La avenida de España se ha convertido más que en el valle del Silencio las tardes-noches de los fines de semana, incluso durante las mañanas de cualquier día que no resuenen los ecos del mercado de abastos, en el valle de la Muerte que describen los historiadores y los poetas de la gesta de la batalla de Balaclava. El gran problema es que la Brigada Ligera y sus aliados sí sabían contra quiénes luchaban y e incluso por qué lo hacían. Aquí, como lo demuestran los últimos estudios demoscópicos, no sabemos ni siquiera muy bien quién o quiénes son los verdaderos enemigos contra los que dirigir nuestras cargas. Y lo más desazonante es que no hay ni líderes ni héroes con la suficiente capacidad ni credibilidad como para conducirnos, por bestia que suene, hacia la muerte o hacia la victoria.

La próxima vez que Iker Jiménez decida volver a darse un garbeo por el Bierzo para analizar los enigmas y misterios que se esconden entre los valles comarcanos tal vez se encuentre con que los altares de la Tebaida berciana aparezca atestados de desharrapados entregados a la vida contemplativa, a la pesca de la trucha en los manantiales que corren hacia el Oza y al cultivo de los nabos y de los higos zoupeiros. El silencio o las sicofonías del éxodo tendrá que ir a grabarlos a la avenida de La Puebla, de España o a Lazúrtegui, donde algún día las cafeterías y los comercios rivalizaban estéticamente con los de las grandes capitales.

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