La Ponferrada-Orense, prioridad tras la crisis
La presión ejercida por los alcaldes de las dos provincias y también por los parlamentarios nacionales, en este caso sobre todo por los gallegos, mantiene latente la reivindicación por el proyecto histórico de la autovía A-76.
La comunicación rápida y directa entre Ponferrada y Orense, que además abriría el tercer gran acceso por carretera a Galicia, es una aspiración tan vieja y una obra tan necesaria como la autovía León-Valladolid. Sobre una y otra han pasado de puntillas los sucesivos gobiernos hasta que su ejecución se vio imposibilitada por la congelación de la inversión pública a la que obligó la crisis, con la oportuna excusa del debate político y social sobre la necesidad de preservar los restos romanos en el entorno de Lancia en el caso de la A-60.
La interpelación de una parlamentaria del BNG forzaba una respuesta de la ministra de Fomento en el sentido de que instaría a los técnicos del ministerio a agilizar el estudio de impacto ambiental que desde hace un año bloquea cualquier avance técnico en la autovía A-76, aunque la ejecución de las obras quede condicionadas a esa disponibilidad presupuestaria.
Un estudio del ministerio revela que en ese tramo de la N-120 circulan diariamente 8.000 vehículos, más que en algunos de la A-6. Es un argumento de peso, como también lo es la importancia que este vial tendría para la economía berciana no sólo por el flujo del tráfico, sino también y sobre todo por el desarrollo de los servicios y el comercio que Valdeorras siempre ha tenido como referencia.