EL RINCÓN
Distraer la espera
Hablar de política económica es una redundancia, ya que todas lo son, y nombrar a Soraya Sáenz de Santamaría coordinadora es un abuso.
La pequeña coronela bastante trabajo tiene con el que tiene. Ciertamente nos cae mejor a casi todos que Cristóbal Montoro, que tiene una antipatía contagiosa, y que Luis de Guindos, que nunca se acaba de caer en la cuenta, pero hay que escoger entre lo que hay y Rajoy, que siempre deja para la mañana lo que puede hacer hoy, se ha apresurado esta vez. A Soraya le ha perjudicado su bien ganada fama de trabajadora y por eso le ha caído un trabajo más. Vamos a ver cómo lo lleva y, sobre todo, cómo lo llevamos los demás. Los empleos menores están por los suelos y por eso solo se salvan los de la llamada economía sumergida. ¿Qué podrá hacer por sus compatriotas la vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia? Asistimos a la insubordinación de los grandes países europeos, que están hartos de que la capital de todos sea Bruselas. El euro es un prófugo, aunque todos sepamos dónde se esconde, y flota en el aire indeciso de este junio que tarda en cumplir con sus calientes obligaciones una sensación de amenaza. Aquí va a pasar algo desagradable. Aún no sabemos si será como en Turquía, donde los manifestantes han tomado el centro de Estambul, porque hay más descontentos que policías o bien menos policías que descontentos.
En algo hay que distraerse mientras Rajoy pacta con Rubalcaba. Los enemigos comunes fomentan la amistad entre personas que no se tragan, pero tienen que deglutir a la misma presa, que en este caso ha reaparecido, después de una temporada en la jaula. Ningún lazo más fuerte que un adversario que irrumpa a destiempo cuando todavía no está preparada la mesa. Aznar se ha convidado él solo y hay muy poco que comer. Además ya no hay padrinos tan generosos como Correa y El Bigotes, dispuestos a tirar nuestra casa por su ventana, que por cierto daba al patio de los dos, que era muy particular.