Diario de León
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ernesto escapa
León

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Consumada la liquidación de la Caja que levantó con sus ahorros la gente de esta provincia, no parece admisible la prisa de sus enterradores por entregar los despojos y menos que esa rendición pretendan ejecutarla en silencio, mientras humillan a miles y miles de impositores. Así que para fastidiarles el pasimisí y el relevo tranquilo a los haraganes, vamos a ir planteando algunas de las cuestiones que importan a las víctimas de sus manejos. Ya conozco hasta qué punto las demoras significan más incremento del daño económico que supone seguir apoquinando las retribuciones del tropel de mando de la entidad. Hace unos meses, supimos que nos salían el presidente a ocho millones de pesetas mensuales y su allegado director general por algo más de la mitad. Y todo ese fardel de millones al mes, por machacar cualquier expectativa razonable para una entidad con raíces solventes y más que centenarias. Pero no quiero distraerme con el sollozo de los duelos y el lamento de los reproches.

Ahora que los ahorradores han visto cómo sus cartillas quedaban temblando por la quita de las preferentes, hay otras urgencias. Primero, constatar que la fiscalía sigue tan pancha, fiada del pío-pío de las propagandas y entretenida con sus asuntos consuetudinarios, sin estimar que en este engaño masivo de las preferentes pueda haber delito. Por su parte, partidos políticos y demás entidades de mediación entre la gente y los poderes, prefieren mirar para otro lado, porque el tramo más calamitoso de esta ruina se recorrió gestionado por sus representantes. Supongo que superado este tiempo de estupor y disimulo, alguien exigirá responsabilidades a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales por el daño ocasionado. La fiscalía, por ejemplo, si despierta a tiempo.

¿Qué urge ahora? En primer lugar, esclarecer cuál ha sido el manejo de las preferentes para conseguir que la mayoría de sus víctimas sean ahorradores que nunca invirtieron en bolsa ni jugaron en los casinos. Siendo un producto tan apetecible, ¿dónde están sus poseedores naturales? No planteo esta pregunta a humo de pajas, sino alertado desde la entidad sobre cómo durante los últimos meses en que resultó posible, fueron soltando lastre los preferidos, mientras cargaban con el muerto los confiados ahorradores de toda la vida. La gente que tenía sus dineros a plazo fijo en la Caja, iba sustituyendo a listos de todas las procedencias. He podido ver con mis ojos un endoso procedente de Calatayud. ¿Quiénes fueron esos espabilados? Las Cortes de Castilla y León nombraron de común acuerdo a todos estos pajes que llevaron la Caja a la ruina. ¿Es mucho pedir que una comisión investigue sus actuaciones? Pero ya. Sin utilizar el verano como excusa. Aunque se queden sin playa.

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