Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El documento tenía la misma autenticidad que un título en ingeniería informática expendido por Harvard a Paquirrín. En días pasados, a través de las redes sociales se difundieron unas notas escolares de Mariano Rajoy, de cuando tenía diez años, en las que —horror, pavor y terror— en 1965, en cuarto curso y en los Jesuitas leoneses, había suspendido dos asignaturas. La intención era cuestionar la política de becas del Gobierno. Uno también la cuestiona, pero sin recurrir a calabazas apócrifas. Estas circularon a toda velocidad por la Red. 2.172 personas dieron su «me gusta» y el falso documento fue compartido 4.799 veces. Se le hizo suspender Lengua y Geografía e Historia. Los comentarios fueron sangrantes. Pero la foto de Rajoy hablaba por sí sola. ¿Cómo iba a haber recibido tales cates un niño con ese aspecto de saberse de carrerilla los reyes godos? En la autopista de la información abundan los falsos listos. Pero el periodismo consiste en difundir información porque ha sido antes contrastada. O así debe ser.

En sus años leoneses, Rajoy coincidió en clase con Fernando Becker y Marcelino Elosúa. Se ponen los tres a ello y descubren la teoría de la relatividad. Claro que aquel Marianín de diez años ya entonces me hubiese argumentado: «Gracias, amable columnista, pero sería imposible que la inventáramos pues ya fue publicada por Albert Einstein en 1915, además en 1905 había adelantado parte de la misma». Fue el registrador de la propiedad más joven de España, a los 24 años. Y un niño lumbreras, aunque quizá no fuese el mejor haciendo el pino.

Para reclamar una política de becas más solidaria con quienes menos tienen y no son alumnos brillantes no hay que inventarle un pasado cateador a quien hoy es presidente del Gobierno. En medio de la crisis, resulta injusto verse forzado a abandonar los estudios por un determinismo económico. No hay gran gestión sin grandes gestos. Por cierto, la política es el ámbito donde más lejos pueden llegar los malos estudiantes. Pero no es el caso de Rajoy, él además de saberse de niño los reyes godos, cuando los demás nos quedábamos en los flacos, los escribía en letra gótica: Singerico, Chindavisto, Turismundo, Sisenando… Lo suyo se veía venir.

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