SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
Egipto, ¿una nueva etapa?
El 13 de diciembre pasado, este servidor, escribía en este mismo lugar una artículo sobre el camino iniciado hacia una dictadura por el ahora ya, expresidente de Egipto, Mursi. Siempre consideré que este hombre, representante de los Hermanos Musulmanes, no era a tenor de sus hechos e ideología lo mejor para el sufrido pueblo egipcio.
Sus primeras decisiones dejaron claro que no contarían entre sus prioridades las que luego se han manifestado como las del pueblo. Sus iniciativas para relegar el papel de la mujer en la sociedad o acrecentar la discriminación respecto de las minorías religiosas han retratado la ideología y las intenciones de este hombre.
Una política sectaria unida a una desastrosa gestión económica generó un frente de rechazo popular muy mayoritario frente a su gobierno. Es cierto que Mursi fue elegido democráticamente y que tenía una mayoría parlamentaria importante. Pero, según los expertos en el sistema electoral egipcio, complicado donde los haya, la diferencia de votos entre los Hermanos Musulmanes y la oposición no era tan significativa.
En todo caso, Mursi se fue quedando sin apoyos. Primero entre sus propios ministros de los varios presentaron la dimisión, luego de los siempre vigilantes militares que permitieron su acceso al poder.
El general Abdel Fatah el Sissi, le había advertido a Mursi de forma reiterada que aceptase las demandas del pueblo. Le dio un ultimátum para que recondujera su gobierno y evitara un enfrentamiento entre egipcios que podría resultar caótico.
La tutela militar de la sociedad egipcia es tradicional. Esto solo se puede entender si se tiene presente que el ejército egipcio es un Estado dentro del Estado. Tiene su propio presupuesto independiente del resto de las partidas presupuestarias del gobierno. Pero, además tiene sus propias fuentes de financiación. Esto, a lo largo de los años ha convertido a los militares en una oligarquía que tiene poder para poner o quitar gobiernos como ha quedado demostrado.
El general El Sissi afirma que no habrá una nueva dictadura militar y como presidente ha colocado a un civil, el presidente del Tribunal Constitucional. De momento ha sido astuto y se ha presentado ante el pueblo egipcio acompañado de los líderes religiosos musulmanes y cristianos, además del prestigioso líder de los laicos Mohamed el Baradei.
Parece como si El Sissi, pretendiera ejercer de censor Catón e imponer la buena moral y mejor conducta entre los gobernantes egipcios por la vía de la fuerza. A Napoleón ya le intentaron explicar algunos de sus consejeros, a los que no solía hacer caso alguno, que la libertad y gobierno justo no pueden sentar sus posaderas sobre las bayonetas, es simplemente contra natura.
Supongamos que las intenciones del general son rectas, que consigue llevar a cabo su hoja de ruta, en este momento apoyado por una inmensa mayoría de la población egipcia. La pregunta que surge de inmediato es la siguiente: ¿Qué ocurrirá si tras celebrarse nuevas elecciones y formación de gobierno, Egipto continúa con los mismos problemas? El panorama que se le presenta al ahora hombre fuerte de Egipto no se lo envidio. En caso de que las cosas «se torcieran» de nuevo, ¿habría que dar otro golpe de Estado?
Egipto es muy singular, los egipcios se sienten orgullosos de serlo, siente una profunda identificación con su país y existe un fuerte sentimiento nacionalista. Tienen buenas universidades y profesionales cualificados capaces de liderar el país hacia un futuro mejor. Lo deseable es que acierten en este nuevo intento de reconducir la situación hacia una sociedad más plural y justa, que erradique el alto índice de pobreza.
Les toca el turno a los que proclaman su adhesión hacia más cuotas de libertad y seguridad. Está por ver si lo consiguen con el apoyo del ejército. Depende de su sincero apoyo mutuo y de las capacidades de los hermanos musulmanes para hacer oposición o enfrentamiento armado como ya han anunciado. Occidente debe ayudar a quienes se han comprometido con la libertad y la no discriminación.
Musulmanes, cristianos y laicos han abierto un nuevo periodo decisivo para el futuro de Egipto. Nadie puede saber lo que ocurrirá, pero al menos la oportunidad existe y los egipcios se merecen lo mejor, por su historia, por su identidad y por justicia.