TRIBUNA
León, cuna del parlamentarismo europeo

De donde vengo.-En un discurso sobre la Constitución el entonces Abad isidoriano, Monseñor Antonio Viñayo , decía venir de junto al sepulcro de San Isidoro, donde había consagrado a su custodia cuarenta años de su vida
Yo vengo aquí hoy, no con un bagaje tan rico como el del Abad, que dijo haber bebido en las fuentes del más sabio de los santos y el más santo de los sabios, pero me he inspirado también en dos figuras de la vida de León, que hicieron norte y guía de sus pasos la defensa de una Constitución española, la de 1812, de la Libertad, de la soberanía e independencia de las naciones.
Vengo de San Andrés del Rabanedo y vengo de La Coruña. A San Andrés fui a buscar la sepultura dentro de la iglesia de un insigne patriota, del cura párroco don Juan Antonio Posse Varela, que allí ejerció su ministerio 47 años y fue enterrado en ella el 11 de mayo de 1854.
El cura Monseñor Juan Antonio Posse fue el impulsor de que se declarara la guerra a Bonaparte en León, por el obispo Monseñor Pedro Luis Blanco el 23 de abril de 1808; por eso hay una calle en León intitulada «23 de Abril». Los franceses detuvieron al sacerdote Posse en Trobajo del Camino y consiguió la libertad por mediación del Vizconde de Quintanilla.
Escribió un discurso-homilía sobre la Constitución de 1812, que impartió a sus feligreses el 29 de noviembre del mismo año.
En esos mismos días vino a San Andrés del Rabanedo don Juan Díaz Porlier, el gran guerrillero que trajo en jaque al ejército francés por León, Asturias, Santander, Burgos, Vizcaya y Galicia. Vino a San Andrés a conocer al cura Posse, que era muy famoso y celebrado en medios ilustrados por su encendido entusiasmo a favor de la Constitución. Merendaron chocolate espeso. Venía con su lugarteniente Vallejo, que era de Cuadros, otro gran patriota y visitaron al padre de Vallejo.
Por esta acogida que hizo Posse al mariscal Porlier fue encarcelado el cura en los calabozos de los franciscanos en León, en Valladolid y en Madrid, nada menos que durante seis años , hasta que se liberaron los presos políticos al jurar nuevamente el rey Fernando VII la Constitución en 1820.
Fui a La Coruña a visitar la celda de Porlier en el castillo de San Antón, donde le confinó ese monarca de odiada memoria y le condenó a la horca en la Plaza de la Leña de La Coruña en 1815. En la celda del castillo está el expediente en un fanal de cristal y el director del museo-castillo fue tan amable que me regaló una copia de todo el expediente. Los días que permaneció preso en el castillo le acompañó su esposa, que era hermana del conde de Toreno. El pueblo de La Coruña ha erigido una estatua a este gran patriota, que tanto luchó por traer nuevamente la corona a las sienes de Fernando VII y así se lo pagó el monarca.
El Derecho Consuetudinario Oral.- Este derecho era un rol de comportamiento colectivo que abarcaba las relaciones sociales y comunitarias de la vida de las Comunidades de Aldea.
El Derecho Consuetudinario se basaba en la tradición, uso y costumbre inmemorial no escrita.
El Ordenamiento Concejil escrito se basa en el derecho Consuetudinario y en el siglo XVI ya aparecen las Ordenanzas Concejiles.
El peso del derecho Consuetudinario era tan fuerte y arraigado que podía frenar los posibles intentos de desviar la norma o tradición hacia intereses particulares.
Las Cortes Democráticas de León de 1188.- Don Alfonso IX, recién llegado al trono por fallecimiento de su padre Don Fernando II, en Benavente, el 22 de enero de 1188, había pasado cuarenta años a lomos de su caballo, el nuevo monarca se encontró en gran apuro, porque las tropas castellanas de su primo Alfonso VIII penetraban por tierra de Campos.
El rey leonés tenía que recabar dinero, nervio para la guerra. Los ciudadanos van a pagar el dinero pero van a pedir algo a cambio y su estamento, representado por sus procuradores de las villas y ciudades va a tener la misma voz que los otros estamentos de clero y nobleza.
En la Colegiata de San Isidoro de León una Curia Regia de carácter extraordinario es convocada y presidida por el rey Don Alfonso IX. A ella asistieron el arzobispo compostelano Monseñor Pedro Suárez, los obispos gallegos y leoneses, los principales condes y thenentes de la monarquía y, junto a ellos, acudieron en esta ocasión los ciudadanos elegidos por cada una de las ciudades del Reino.
Aquellas sesiones institucionales de la Curia se iban a convertir en el punto de referencia que se tiene como el nacimiento de las primeras Cortes en 1188.. El rey necesita dinero y sólo los burgueses pueden proporcionárselo.
Don Fernando II había dejado el Reino exhausto de dinero, hasta 300 donaciones a beneficio de monasterios e iglesias diocesanas, hubo que desprenderse de fuentes de ingresos como derechos de tránsito, exenciones fiscales, beneficios de acuñación, cilleros, propiedades de realengo, plazas fuertes y castillos, para las recientes Órdenes Militares, las querellas cortesanas de su amante y última esposa, Doña Urraca López de Haro,que no podía ver a su hijastro, el príncipe Alfonso, más tarde rey, Alfonso IX, todo se tradujo en una herencia que el nuevo monarca tiene que aceptar.
Hay que detener el déficit y enjugar las deudas de la Corona. No es casualidad que en este pujante reinado se acuda cada vez más a los pujantes Concejos. Don Alfonso quiebra la moneda, la funde de nuevo y le da otro valor, pero los Concejos le dicen que no, que la inflación sube y la moneda se llama ya «forera» y el rey se compromete a vender su derecho por siete años a cambio de una compensación económica; así lo hizo en las Cortes de Benavente de 1202.
La presencia de los burgueses en las Curias extraordinarias tiene relación con los problemas financieros .Han nacido las Cortes democráticas en León y ya no habrá un Reino para el Rey será un Rey para un Reino
Las Cortes de León de 1188 son 27 años anteriores a la Carta Magna inglesa, origen y fundamento de la Constitución inglesa, que limitó considerablemente el poder real y estableció el principio de la inviolabilidad personal, en cuya virtud nadie podría ser detenido ni desterrado sino por mandamiento judicial, año 1215.
Al año siguiente, año 1216, en el reinado de Enrique III de Inglaterra, repugnando este príncipe someterse a las prescripciones de la Carta Magna se sublevaron los señores feudales y el rey, encarcelado por ellos durante algún tiempo, tuvo que aceptar la institución de los Parlamentos, que tan hondas raíces echó luego en el pueblo inglés
El espíritu de la Carta Magna copiado de las Cortes de León de 1188, fue llevado a Inglaterra por Simón de Monfort, conde Leicester, que ostentó la jefatura militar en la ofensiva contra los Albigenses. Este magnate francés estaba casado con una hermana de Enrique III de Inglaterra , vino a León y se enteró de nuestras Cortes.
El viaje del magnate a León fue motivado por reforzar la campaña contra la herejía contra los Albigenses, que había sido traída a España por Arnaldo, un copista de libros, que ponía empeño el tergiversar los tratados de San Agustín, San Jerónimo, San Isidoro y San Bernardo y luego vendía las copias
El prelado leonés Don Rodrigo, 1208-1232 emprendió dura campaña contra los herejes. Arnaldo murió el año 1216 y se le sepultó vivo en La Candamia, por orden judicial, junto a una fuente, donde echaron vísceras y el agua manaba sanguinolenta. Aquello provocó ingentes peregrinaciones al sepulcro de Arnaldo el albigense.
El leonés Don Lucas, obispo de Túy, el Tudense, recabó autorización y destruyó la capilla del hereje y puso en marcha una persecución contra los sectarios, hasta conseguir expulsarlos de León.
Los Cátaros-Albigneses acudieron a burlas y desprecios de las cosas más santas, haciendo mofa de los sacramentos y propalando milagros repugnantes y absurdos.
Aquí está León, cuna del parlamentarismo europeo en 1188,