Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

Gaitero pagado, nunca bien tocó

Publicado por
JESÚS Á. COUREL
León

Creado:

Actualizado:

Los gaiteros no deben morir en verano. Eso queda para los poetas. Pese a esta sugerencia, el gaitero de Corporales Domingo Losada, nos dejó en silencio el pasado viernes, aunque no huérfanos de melodías cuyo eco queda por los montes de Cabrera y Maragatería, incluyendo la popular Danza de Nabucodonosor que tantas veces interpretó con su gaita. Ese recuerdo musical será lo más valioso de un estío que, a fuerza de perseverar en el medievalismo festivo, nos va a sumergir definitivamente en una época oscura, miserable y triste, donde la opresión, la pobreza o las epidemias de peste eran el drama habitual en pueblos y villas. Quizá en alguna de estas fiestas se proponga en el futuro, a vecinos y visitantes, la falta de higiene o el arrojar excrementos por la ventana, algo muy común en aquellas épocas y que, de seguir esta mala racha, también lo será en las nuestras. Por el contrario, frente a la moderada agresividad de torneos, duelos y otras reyertas, la música —sea de gaita, flauta o dulzaina—, nos libera las serotoninas para inyectar a la vida tranquilidad, huir de enfermedades y retardar el envejecimiento, que es afán viejo de la humanidad.

En Ponferrada, que fue titulada ciudad en 1908, gaita, flauta y redoblante no han dejado de sonar en las dianas y alboradas de sus fiestas, para acompañar a gigantes y cabezudos —fuera con Miguel de Cacabelos o con Fernando de Valdueza—, con el monótono golpeo del tambor sobre el que flotaban las alegres melodías de las flautas. Antes que llegaran “Los jilgueros de Villar”, “Continental”, “Ritmos del Sil” o “Aires del Bierzo” (cuyas imágenes recopila Gelo Cacharrón, en un completo inventario de orquestas y grupos bercianos, digno de ser editado), la música en los pueblos era patrimonio de gaiteros, acordeonistas, flautistas y tamborileros. Encima de un carro, en la terraza de una casa o sobre una camioneta, estos artistas locales despertaron en las gentes de su tiempo el amor y las ilusiones que con tanto vigor surgen en las noches de verano.

Aquello de que “gaitero pagado, nunca bien tocó”, se puede aplicar a muchas cosas, aunque nunca a los músicos populares y menos cuando además conservan y transmiten los sonidos heredados de sus mayores, en forma de alboradas, rondas o moliñeiras. A esa estirpe de héroes del mundo rural (al que miran hoy de reojo las extenuadas ciudades), dedican el disco Farrapos, furacos y foles los nuevos gaiteros como Noemi Fidalgo o Fran Allegre, cuya generación será la encargada de continuar la tradición de Domingo o Moisés, en la eterna lucha por la supervivencia de este instrumento en tierras leonesas... Había que hacer algo.

tracking