Diario de León
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gonzález
León

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No hay nada, absolutamente nada, que pueda mitigar el tremendo dolor por el que están pasando los familiares mas directos de las, en el momento de escribir esta columna, 78 víctimas mortales del trágico accidente ferroviario acaecido en Santiago de Compostela. La pérdida de un ser querido es siempre muy dolorosa, pero cuando esta pérdida llega no por causas naturales, sino de una forma tan inesperada y tan trágica como la que estamos comentando, entonces ese dolor se desborda y no tiene límites. Todas y cada una de las, y confiemos que su número no aumente, 78 víctimas mortales tienen nombre y apellidos. Detrás de cada una de ellas había un proyecto vital que se ha visto truncado por mor de un accidente brutal. Si se confirma que la causa del descarrilamiento fue que el tren iba a 190 kilómetros/hora en un tramo que tenía una limitación de velocidad de 80, se puede uno imaginar lo que tuvieron que ser esos instantes —hay imágenes del momento realmente aterradoras— donde algunos de los vagones saltaron por los aires u otros quedaron reducidos a un amasijo de hierro. Ante esta tragedia que ha conmocionado a toda la sociedad española, los equipos de emergencia, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, el personal médico y sanitario han vuelto a dar lo mejor de si mismos y han demostrado una gran humanidad y profesionalidad. Por no hablar de los ciudadanos de a pie que colapsaron los centros hospitalarios para donar sangre o que se presentaron para ayudar en las tareas de rescate o simplemente para llevar agua y mantas a los heridos. España es una gran nación que llora en estas horas a las víctimas del mayor accidente ferroviario ocurrido en nuestro territorio. España es un país solidario que sabe sufrir y estar unido ante tragedias de este tipo. Tragedias que cuando llegan nos sirven para relativizar muchas de las cosas que nos suceden en nuestro acontecer diario y ser conscientes de lo que realmente es importante en la vida y de lo que no lo es tanto. Descansen en paz las víctimas mortales y que Dios y el Apóstol ayuden y den consuelo a sus familiares y a los heridos.

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