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PEDRO TRAPIELLO
León

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Tren disparado encuentra una vía al infierno a tres pasos de su estación...

Galicia tiene la cigua, algún gafe pinzado a su histórica resignación, tragedias a la carta... prestiges, montes quemados, ceniza en la fe y humo en los ojos, rías contaminadas... y un último tren embalado hacia la muerte.

La víspera del apóstol fue de sangre.

La tragedia enlutará el verano.

La conmoción enmudeció al país.

Y el país cree ya en los maleficios.

Tres días después del inconcebible accidente ferroviario de Santiago (un dios enfurecido no sería capaz de tanta brutalidad), ¿qué más decir o especular?... sólo arrimarse y abrazar a los corazones mutilados y condenados a tirar adelante llevando a la espalda una tragedia evitable con un inasumible peaje de muertos...

... y ya junto a ellos, reconocernos en su penar... y buscarnos en su culpar.

El moralista en su rincón y en su púlpito el agorero repiten que esta desgracia no es una fatalidad, sino otra señal más del destino o la providencia que nos advierte de que algo va mal... o a peor... vaya, habría que decirles a esos dos que para ver que esto va mal ya no hacen falta ni más señales ni sus sermones... se ve a tres leguas... mientras tanto, el prudente en su segunda fila sólo dice que lo único que ha de exigirse ahora es que la verdad se esclarezca... y sobre todo, prevalezca.

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En fin, ese tren despepitado y destripado a los pies del apóstol sólo vino a confirmar la desgracia histórica del gallego echado a los caminos, ese pueblo nacido para emigrar, irse, volver... y vuelven a la retina de la hemeroteca otras tragedias brutales en los caminos gallegos que cruzan esta esa tierra, como lo fue aquel autocar de guardiamarinas que se iban de Navidad a sus casas y no lejos de Ponferrada murieron casi todos, por no redundar en el accidente del túnel de lazo en Torre del Bierzo que hasta hace muy pocos años fue el niniestro ferroviario mundial con más muertos registrados (dijeron primero doscientos, después cuatrocientos, pero pudieron ser seiscientos)... muchos de ellos eran gallegos... pobre gente: en casa, desempleo, y en su camino al pan, la muerte.