LA GAVETA
El aire de un crimen
Hay un crimen en marcha, un crimen que tendrá muchos culpables. El plan consiste en convertir una provincia dignamente poblada, muy bella, diversa y con un aura industrial meritoria, en una demarcación de jubilados, emigrados y parados. Igualmente bella y diversa pero ya con una impronta comarcal y diocesana. El crimen silencioso busca transformar una tierra viva y productiva en un hermoso e irrelevante escenario del interior. La provincia es León y el aire de un crimen es el título de la novela de un gran escritor español que vivió aquí, y que vivió cuando la consolidación de la fachada industrial leonesa. Él se llamaba Juan Benet Goitia, y además de ser un exigente y misterioso narrador fue un ilustre ingeniero de caminos. Que vivió en Ponferrada y en otros lugares de la provincia. Que trabajó en la presa de Peñarrubia, en el Bierzo, y en el pantano del Porma, en la Montaña.
Que bebió aquí el magma postbélico, misterioso y fabril de la tierra de León, cuando la provincia aumentaba año tras año sus habitantes. Cuando venían levas de trabajadores gallegos y andaluces a faenar en los embalses o en Endesa, la gran empresa eléctrica entonces estatal, nacida en Ponferrada. Ahora hay decadencia. Lenta, plural, incesante. No nos estamos despeñando, eso no. La provincia aún tiene fuerza, tiene muchas villas cordiales y afanosas, una conurbación mediana formada por León y sus satélites municipales, y una ciudad pequeña y luchadora, que es Ponferrada. Y hay una naturaleza sensacional. Hay gente de bien y hay desolación.
Ahora hemos sabido que está en marcha un plan para liquidar la minería leonesa, el motor heroico de nuestra historia moderna. La desesperanza crece, pero también hay personas que no se rinden, como esos pequeños empresarios autónomos que han abierto sus negocios en estos meses de crisis. Hay resistentes, luchadores y arbitristas, pero la provincia necesita mucho más. Como necesitó en la primera mitad del siglo XX para enderezar su rumbo. ¿Estarán los políticos a la altura de las circunstancias? Pues no lo parece, y por diversas razones. Desde la falta de dinero público para invertir hasta la falta de criterio. Y todo eso se traduce en la prueba más nítida: año tras año León pierde peso demográfico. Nos abocamos a un proceso de «zamoranización», dicho con todo el afecto por la provincia hermana. La tierra de León será pronto un gran coso rural, animado en tiempos de bonanza nacional con un turismo discreto y, eso sí, culto, y con dos áreas que sobrevivirán mejor: la que se asienta donde confluyen el Torío y el Bernesga, y la que hace lo propio donde Sil y Boeza se juntan. El resto, literatura. Aunque buena, eso sí. De la mejor.