Diario de León

FUERA DE JUEGO

Ni en los mejores días de Ibáñez

Carlos Frá
León

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De las múltiples versiones que se están escuchando sobre lo ocurrido en el comienzo de la Vuelta a León no soy capaz de descubrir ninguna que no esté presente en la dilatada bibliografía del genial Ibáñez. Lo del desconocido que cambió la señal, lo de un montón de piedras que decidían al final el itinerario... nada suena desconocido para quienes aún conservamos en las estanterías de casa algún que otro Mortadelo.

El esperpento vivido en ese comienzo de la carrera ciclista puso además en evidencia que la chapuza es, en principio, asumible por quienes la presencian o participan de ella. Los propios corredores, los equipos, los que seguían la vuelta se dieron cuenta de que las cosas no encajaban con el rutómetro que se les había facilitado y durante 20 kilómetros, unos detrás de otros, avanzaron por el camino del error sin que nadie osase levantar la voz. La llamada serpiente multicolor pudo dirigirse hacia un precipicio sin que nadie se atraviese a decir nada porque parecía asumible, comprensible o razonable que sobre la marcha se cambiase el trazado de una carrera ciclista.

Dejando al margen el posible debate sobre si una diputación provincial tiene o no que organizar pruebas deportivas de este tipo lo que sí está claro es que si se ponen en marcha debe ser con todas las consecuencias. Con el mayor rigor, con la máxima seguridad para los participantes —al detener una carrera lanzada a tanta velocidad se generó una situación de grave riesgo— e incluso para quienes circulan por unas carreteras en las que no estaba prevista ninguna carrera aunque durante 20 kilómetos pasó por ellas.

El bochorno generado por la Vuelta a León ha sobrepasado las fronteras provinciales como es lógico. La Diputación tiene que investigar qué ha ocurrido para evitar situaciones como ésta en un futuro. Si se hace algo y más con dinero público se hace imprescindible una organización profesional, sin margen a la improvisación y con unas garantías de seguridad para quienes van en la carrera y para quienes en la provincia la esperan o, lo que es peor, no saben que pasará por delante de sus casas.

Una vez más los ciclistas pusieron lo mejor de sí para garantizar una espectacular prueba que no se merece ridículos como el de su salida.

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