TRIBUNA
Corrupción y política
La actualidad política española está tan absolutamente convulsa por el caso Bárcenas, que ni tan siquiera la tragedia ferroviaria ha conseguido eclipsar. Es de reconocer que un escándalo de este calibre, que afecta a los más altos dirigentes del Partido Popular, incluido el presidente del Gobierno, no tiene parangón en nuestra actual democracia en relación con la corrupción económica y política y que implica además a empresas y empresarios colaboradores en la trama.
Dejando de lado el aspecto jurídico, que evidentemente serán los tribunales de Justicia los que deban depurar responsabilidades, desde el punto de vista político las responsabilidades son evidentes. La comparecencia del presidente del Gobierno ante el Congreso no ha servido más que para escenificar el cierre de filas del PP, y la frontal oposición del resto de partidos, pero con la sensación generalizada que, en definitiva, no ha servido para nada, salvo para el lucimiento de los diputados con frases preconcebidas para, simplemente, quedar bien y obtener titulares. Para este viaje no necesitábamos estas alforjas.
Flaco favor para la credibilidad de la clase política. Con esta escenificación que más parece propia de un curso acelerado de oratoria que del ejercicio de la confrontación democrática con la esperanza de un resultado, no podía esperarse otra cosa cuando el PP cierra filas con la confianza en su mayoría absoluta. Solo la acción de la Justicia que afecte directamente al propio Rajoy puede modificar la actual parálisis que además las vacaciones benefician para anestesiar a la opinión pública. La prensa alemana ha calificado el debate como un gran circo político. Gráfica y acertada calificación.
En otros países de nuestro entorno, como Reino Unido o Alemania y en menor medida Francia, un escándalo de esta dimensión supondría la dimisión inmediata de la cúpula del partido y la convocatoria de elecciones al afectar directa y sustancialmente al equipo gobernante. Y no hablemos de Estados Unidos donde la sensibilidad pública, y la contundencia frente a casos de corrupción, mentiras y ocultaciones es absoluta.
No he mencionado intencionadamente a Italia porque es un país ciertamente singular desde el restablecimiento de la democracia después de la Segunda Guerra Mundial. Y digo lo de singular porque ha sufrido casos de corrupción, atomización política, asesinatos políticos y períodos de inexistencia de gobierno, y sin embargo ha seguido funcionado, y ello porque la administración del estado, el engranaje administrativo-burocrático funciona, por lo que podríamos decir con cierta exageración que sería capaz de avanzar y sobrevivir como estado sin gobierno. Es un caso paradigmático y singular pero difícilmente exportable y menos a España.
Desde luego, no considero que en la actual situación de crisis económica donde la primera preocupación y la segunda, son la corrupción política y el paro, no resulta ser a mi juicio la convocatoria de elecciones la mejor de las alternativa por el coste y sangría económica que unas elecciones conlleva, y no creo que los partidos estén como para mucho estipendio electoral. Lo razonable sería la dimisión del presidente y alguno de los actuales dirigentes para dar paso a un nuevo gobierno, con políticos sin mácula que sean capaces de llevar a buen puerto la gobernabilidad del Estado.
Tampoco está el PSOE como para tirar cohetes cuando el grave asunto de los ERE en Andalucía, su principal bastión, la corrupción afecta también a altos dirigentes del partido.
En ambos casos hay un denominador común: Nadie asume responsabilidades y nadie dimite. Faltaría más.
En este triste y desolador panorama, donde otros casos de corrupción afectan también a partidos más pequeños (la corrupción en las Baleares es de enciclopedia de la corrupción), no resulta extraño que la opinión publica cargue contra la clase política en muchos casos injustamente al meter en el mismo saco a todos los políticos cuando, afortunadamente, existen muchos políticos, sobre todo en la vida política más cercana, que realizan su trabajo de modo abnegado y sin mácula alguna con auténtica vocación de servicio público.
De todas las maneras, sería deseable que los dirigentes del Partido Popular y del PSOE de León, por poner un ejemplo que nos afecta, tanto en órganos provinciales como autonómicos o locales levantasen su voz contra estos casos de corrupción, contra estos escándalos que salpican a todos ellos, y que su silencio les hace cómplices, pero claro, ello pudiera suponer que en las próximas elecciones alguno no salga en la foto electoral de su partido, pero si se pretende dar un paso al frente en la limpieza y honradez democrática, deben empezar por levantar la voz dar un puñetazo en la mesa y decir ¡¡¡Basta ya!!! para recuperar la credibilidad de la opinión pública, para demostrar que no les afecta lo que otros hagan y para evitar las indeseadas comparaciones y generalizaciones que tanto daño hacen a la clase política honrada.