TRIBUNA
Lamentaciones por los fuegos

Los incendios son una lacra, como tantas otras. Esa impotencia que genera en un pueblo cuando algo suyo, como el monte, es arrasado por las llamas incontroladas es comparable con pocas cosas. Este verano no está siendo el peor para los incendios forestales. Por fortuna, que no por las labores de desbroce y limpieza de las superficies arboladas. Pero es más prudente no cantar victoria, cuando queda posiblemente lo peor y además los medios de extinción vuelven a sufrir un año más recortes de carácter suicida.
Los incendios urbanos son ese otro ‘pequeño’ infortunio que sacude decenas, cientos de veces cada año a decenas, cientos de familias de nuestros pueblos. Nos solemos llevar las manos a la cabeza cuando arden 50 hectáreas de árboles, igual que cuando un avión sufre un accidente con multitud de muertos. Y nos cuesta ser conscientes de la tragedia por goteo que son los incendios en las casas, cuadras, negocios y otras propiedades de los municipios pequeños, igual no nos sobrecogemos tanto ante cientos de accidentes de tráfico. El resultado no es necesariamente peor, al contrario: acaban muriendo cada año más personas en sus vehículos que en un avión. Con los fuegos domésticos pasa algo parecido. Pronto llegará el frío a nuestras poblaciones rurales de León y un año más fallarán viejas instalaciones eléctricas, personas muy mayores encenderán braseros y chimeneas, y regresarán las tristes noticias de siempre.
Yo soy de pueblo, Otero de Escarpizo, donde nací y vivo. Ya llevo unos años representando como diputado provincial al extenso Partido Judicial de Astorga, que va desde el Órbigo a La Cabrera. Desde que compaginé el honor de gestionar mi ayuntamiento con esa representatividad provincial tuve muy claro que la seguridad de nuestros vecinos de cualquier municipio de menos de 20.000 habitantes era un asunto prioritario. Por eso, aplaudí desde el Grupo Socialista en la Diputación el Plan Provincial de Protección Civil aprobado en 2001, después de años de reclamaciones; y respiré tranquilo cuando en 2004 la Junta lo homologó y convirtió en obligatorio.
Ese Plan de la Diputación recogía la obligatoriedad de ejecutar una red de parques provinciales de bomberos profesionales, el primero de ellos en la zona Astorga-La Bañeza. Había entonces un edificio idóneo. Sin embargo, para cuando la Junta de Castilla y León aprobó en 2007 la Ley de Seguridad Ciudadana, la cual en la actualidad ni cumple ni ha desarrollado, y que incidía en el derecho de todos los habitantes de la Comunidad a disponer de medios suficientes y próximos de extinción, yo ya había denunciado una decena de veces que nadie estaba haciendo absolutamente nada. La desprotección de nuestros pueblos y la desidia era y es total. Mociones, ruedas de prensa, preguntas, ruegos… todo tipo de iniciativas desoídas una y otra y otra vez para proteger a la gente que vive en la provincia más extensa de la Comunidad.
Mientras, en Burgos, en Valladolid, en Salamanca, en Segovia, en Zamora y en Soria se han ido realizando esfuerzos en sus comarcas, la mayor parte de los casos con ingentes aportaciones económicas de la Junta y las Diputaciones. Decenas de puestos de trabajo para bomberos profesionales. Cientos de modernos vehículos y medios materiales. El año pasado, en plena crisis, sin ir más lejos. Con gran alarde mediático. Y por eso, los parques comarcales que atienden a los municipios de menos de 20.000 habitantes son en casi toda Castilla una realidad activa y tranquilizadora.
Al contrario que en León. Ni siquiera ha sacudido ninguna conciencia mi iniciativa dentro del Grupo Socialista en el Palacio de los Guzmanes de convertir al Procurador del Común de Castilla y León en mediador de la indefensión de los pueblos leoneses. Porque esta institución ha sido tajante al confirmar mis denuncias de hace doce años, determinando que en León «existen dos parques profesionales, en León y Ponferrada, pero no existen convenios de colaboración firmados respecto a la prestación del servicio en la provincia, lo que está generando situaciones de peligro con pérdida de vidas humanas y cuantiosos daños materiales. Además, esta provincia es la de mayor extensión territorial de la Comunidad, lo que incrementa los tiempos de respuesta, y es la segunda en cuanto a población». Más claro que el Procurador del Común, el agua. Tan claro como ninguneado, él también, por la Junta y por la Diputación.
Los dirigentes de ambas instituciones siguen jugando una partida de despeje de responsabilidades. Y me temo que ganan los dos por goleada mientras pierden nuestros paisanos. Lo he expresado muchas veces y no está de más repetir que ojalá no tengan que dar cuentas el día que haya muertos, calcinados o asfixiados por trece largos años de incompetencia irresponsable. Ojalá jamás yo tenga que empezar una nueva denuncia pública con la frase: «Os lo advertí». Pero lo cierto es que puede ocurrir mañana mismo.