LA VELETA
Políticos y toreros
Nunca supe como la DGT calcula los millones de desplazamientos de estos días. Entre el miércoles y ayer millones. Cómo saben que son cuatro y no tres, por ejemplo. He ahí una cuestión vital, y si me apuran mayor que la oportuna pérdida de memoria de los ex secretarios generales del PP, señores Cascos y Arenas. Lo de los desplazamientos es para mí un enigma
La amnesia de dos de los políticos que más poder y control han tenido en el PP, previsible. El juez Ruz, al que juzgo trabajador y discreto, debía saber que ese sería el resultado de los encuentros del miércoles: No recuerdo, no me consta. Lo sabía Ruz y el más simple de los mortales
Aquí el único que recuerda y hace constar las cosas es Bárcenas, que apuntó todo: lo cierto, lo falso, lo que imaginó, lo que pudo ser y hasta lo que no fue. Ayer dice la tradición, que no sé si coincide con al estadística, fue el día que más festejos taurinos se celebran. Pueblos grandes y chicos ofrecen a su Virgen la sangre de becerros, novillos y toros que lidiaran toreros y torerillos. La fiesta, la mal llamada fiesta nacional porque no es una fiesta y tampoco es nacional, tiene muchos engarces con la política. Para empezar la lidia tiene cada vez menos adeptos, y por eso hay en los cosos calvas de cemento en los tendidos al capricho del sol
A los mítines sólo van los muy convencidos o los muy agradecidos. La gente, o la afición si es que existe, no se cree un espectáculo que balbucea en los despachos y agoniza en el albero de un coso o en uno de los muchos Parlamentos que hay por ahí. La culpa es de los ganaderos, que crían sardinas y gatos en las dehesas; de los empresarios, que confeccionan carteles imposibles en los que destaca la mediocridad y la falta de riesgo, y de los toreros, que no tragan cuna mentira que termina en ellos. Ahora en el PP una avanzadilla de líderes quiere renovar los cuadros del partido
¿Cómo, me pregunto? ¡Pero si no son las personas, es el modelo! Y el modelos pasa porque los políticos recuerden y hagan constar lo que vieron e hicieron. Unos y otros se están quedando sin clientela a una velocidad que anuncia una lenta desaparición. Unos y otros gozan de una imagen que empeora, como dicen los cursis, exponencialmente. Y lo que ya no tiene solución: nadie se cree a un torero de postín lidiando en plaza de segunda, como nadie se cree un político de este país, bien esté frente a un juez, bien ante un periodista con ganas de saber porque lo que se encontrará será con un no me consta, no recuerdo. Que los toros desaparezcan importa poco. A mi me gustaron y mi preocupación es ninguna si el modelo es el actual. Que la política deje de ser solución a los problemas que tenemos sin que otra cosa ocupe su lugar es un drama. Y los dramas colectivos a los españoles siempre nos salen caros.