TRIBUNA
La gestación del pacto del PSOE con el campo (2)

El sindicato UCL (Unión de Campesinos Leoneses) daba sus primeros pasos a finales del año 1977, recién estrenada la democracia. Aunque aglutinaba a gentes de distintas ideologías, pronto comenzaron a predominar las mentalidades progresistas como quedó demostrado después por la trayectoria de la mayoría de los que influyeron en su nacimiento.
Así lo demuestran nombres como los de Gerardo García Machado, Matías Llorente, Felipe Martínez, José Agustín González (Yoni), o Tiquio, el cura de Cabreros, en cuya iglesia situaba Fulgencio Fernández hace unos meses en La Crónica la fundación del sindicato, y otros varios, que han quedado inseparablemente unidos a la historia del sector agrario leonés con independencia de los problemas que pronto iban a surgir, inevitables por otro lado en cualquier organización humana y más si esta aspira a cambiar el orden establecido.
Seguramente ni ellos mismos podían esperar la trascendencia que iba a tener aquel embrión que estaban formando y la transformación que iban o originar en una buena parte del mundo rural de nuestra provincia, transformación que va desde los aspectos reivindicativos, sociales o políticos, hasta el campo de la economía y de la técnica.
No pretendemos lógicamente afirmar que todo el mérito de este cambio corresponde a los sindicatos y menos a uno en concreto, pero sí afirmamos con rotundidad que, en nuestra provincia, la UCL y su sucesora Ugal han tenido mucha influencia en estos avances en dos vertientes: por el trabajo realizado durante su ya larga trayectoria, y por haber sido pioneros a la hora de marcar un camino que ya no podía ignorar nadie que aspirase a ser escuchado por las gentes del agro leonés.
Aunque la UCL entró en las instituciones de la mano del PSOE a partir de las segundas elecciones municipales celebradas en 1983, ya antes de las primeras, que tuvieron lugar el 3 de abril de 1979, sus promotores habían recorrido nuestra provincia, habían conseguido un notable número de afiliados, y llegado a la conclusión de que las gentes del campo debían estar presentes en las instituciones democráticas que se iban a formar, y en particular en los ayuntamientos, la Diputación Provincial y las juntas vecinales. Así lo pensaron, así se lo propusieron y con esta intención constituyeron una Agrupación de electores que con las siglas Aecl consiguió 7.496 votos, 112 concejales y al menos 13 alcaldías a pesar de no haber presentado candidaturas sino en solo una parte pequeña del territorio de la provincia.
Este número hizo que en las únicas elecciones municipales en las que el PSOE y la UCL se han presentado por separado, ésta se convirtiese en la tercera fuerza en número de municipios gobernados (UCD obtuvo 123 alcaldías, el PSOE 22 alcaldes con 54.292 votos, Alianza Popular con las siglas CD 11 alcaldes y 3 el Partido Comunista). Ello se tradujo en 21 diputados para UCD, 4 para el PSOE, uno para CD y uno para el PCE.
Aecl no obtuvo ninguna representación en Diputación porque no se había constituido en coalición electoral, y en consecuencia no podía sumar los votos para optar a un escaño en el Palacio de los Guzmanes en contra de las esperanzas que les había hecho concebir Martín Villa desde el partido Unión de Centro Democrático, lo cual marcó el fin de las buenas relaciones entre ambas organizaciones que desembocó en durísimos enfrentamientos con detenciones incluídas.
En aquellos años yo no tenía ninguna responsabilidad provincial, pero entre 1979 y 1983 fui uno de los 22 alcaldes socialistas de la provincia, y además mi municipio de Valencia de Don Juan estaba rodeado por alcaldes de Aecl-UCL como Fresno de la Vega, Cabreros del Río, Cubillas de los Oteros, Villademor de la Vega, Algadefe, Villamandos o Laguna de Negrillos.
También había alcaldes de UCL que se habían presentado en la lista del PSOE y éste era el caso, por ejemplo, de Matadeón de los Oteros y de Campazas. Algunos de estos fueron precursores del pacto, como Fresno de la Vega donde funcionó desde el principio una alianza entre PSOE y Aecl al recibir el candidato de AECL Miguel Ángel Miguélez el voto de los dos concejales socialistas que le daban la mayoría absoluta, aunque a la derecha le bastaron dos años para hacer abortar ese primer pacto demostrando que a veces tres son más que cuatro.
Hubo más casos de colaboración entre PSOE y Aecl durante aquellos primeros años, de modo que se podía pensar, de cara a las siguientes elecciones, en institucionalizarla de alguna manera. Así se lo manifesté en varias ocasiones a los responsables provinciales de mi partido, y ya el 29 de febrero de 1980 publiqué en el semanario Ceranda un artículo titulado «La independencia de los sindicatos» en el que exponía mi opinión sobre la Unión de Campesinos Leoneses, artículo que podía ser considerado como una premonición del pacto de colaboración que se iba a formalizar dos años más tarde.