TRIBUNA
Recuerdos de la infancia en León
El pasado día 13 de julio, en una amable entrevista, Diario de León me preguntaba, qué recuerdos tenía de los veranos de mi infancia. A vuela pluma conté alguno, pero a posteriori y pensando en ello, han venido a mi memoria, figuras, costumbres y paisajes que con el paso del tiempo han dado paso a formas nuevas que nos hacen olvidar lo que un día los ojos de la cara y principalmente los del alma vieron y amaron. Son esas pequeñas/grandes cosas que conocimos y vivimos y que han desaparecido para siempre, esas cosas que van poco a poco haciendo la gran historia de cada día, de cada generación, un pequeño mundo que se fue de nuestras manos.
Así, los trenes que ya no tienen motes, como el «tren burra» de mi infancia vallisoletana, mote debido sin duda a la escasa velocidad con que hacia el recorrido a Medina de Rioseco, o el «tren botijo» que así se llamaba a los trenes veraniegos o el «Shangai», posiblemente así apodado por su largo recorrido y horas de viaje, y como no, nuestro «hullero», línea férrea de vía estrecha León-Bilbao, que fue una vía natural de comunicación de muchos municipios de León, Palencia y Burgos, y enlace con el País Vasco. Tren profundamente arraigado en el imaginario y la vida de los leoneses.
Y relacionado con el tren, cuando casi todo el mundo usaba este medio de transporte, ha venido a mi memoria «El coche de Genaro», vehículo de cuatro ruedas que desde la estación y viceversa llevaba a los viajeros a los principales hoteles de la capital de entonces, París, Regina, Oliden, Quindós, Carmina.... y eran figuras imprescindibles del mundo del viaje «los maleteros o mozos de cuerda», siempre dispuestos por una pequeña cantidad a cargar con tu equipaje o llevarte a una confortable pensión, o eso decían.
Yo recuerdo a dos, el Carisena y el Tolocha. ¡Que recuerdos! El tren siempre me ha gustado, pero los trenes de hoy no se parecen en nada a los «míos». El tren sin humo es como un jardín sin flores. Los de ahora son buenísimos pero no tienen ni el sabor ni la solemnidad de aquellos de los que guardo el recuerdo de mis lejanos días, como un titán invencible y de los que les sirvieron, el revisor con su gorra adornada de pleteados ramos, idem de idem del Jefe de Estación, de aquel responsable ferroviario que con una llave inglesa golpeaba las ruedas de la locomotora y no digamos nada del respeto que me infundían maquinistas y fogoneros, negros como su locomotora, con su boina y su pañuelo al cuello para recoger el sudor de su duro trabajo. Para mí, sería una enorme satisfacción que estas torpes líneas fueran del agrado de todos ellos, bueno, de los que jubilados aún están ahi, a todos ellos a los que tanto admiré, desde mi pequeño mundo de niño.
Podría llenar un montón de folios, los recuerdos se agolpan, pero ni debo ni quiero abusar de la benevolencia del director del periódico, ni de la paciencia de los lectores, pero ¡Qué recuerdos cuando el tiempo ha pasado! En el mundo pequeño de mis recuerdos de niño, no podían faltar algunos. ¿Se acuerdan del «soplillo», aquel artilugio de cocina, de palma tejida que pasó a la historia con la cocina bilbaína o económica? ¿Y la palangana? Utensilio de uso de lo más corriente, ese lavabo portátil, llamado palangana al que también llamábamos jofaina, seguramente por reminiscencias arabes. O el «papel de estraza», desaparecido del mundo de las cosas, sin duda por la elevación del nivel de vida, elevación del nivel de vida que tambien dió al traste con los juegos de nuestra infancia. ¿Que fue de las canicas? ¿Y de la peonza o trompo con su cordel de guita? ¿Juegan los niños de ahora a «polis y cacos», al aro, al diabolo o con los tapones de bebidas convertidos en ciclistas o futbolistas? ¿Juegan en la calle con otros niños de la vecindad?
Otro día quisiera hablarles de mis recuerdos de la «Eras de Renueva», de la vieja orilla del río, del paseo de los seminaristas, de las confiterias de ayer, de los charlatanes, de las primeras comuniones, de los paseos arriba y abajo por Ordoño, del inolvidable Instituto Padre Isla..... En fin sería interminable.