Diario de León
Publicado por
Juan Carlos Franco
León

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Uno que es nuevo por estos pagos y no quiere sonar a verso libre, he de confesar que me he dejado aconsejar por los clásicos para comenzar con esta escaramuza en tierra extraña. Clásicos de los de toda la vida, por estas y otras páginas: José Luis, Miguel, Jesús, Carlos o hasta Cristina, que de los otros clásicos, según se cuenta por estas latitudes, se han agotado los préstamos en la biblioteca pública de Ponferrada, tan ávidos como están todos por empaparse de la vida y milagros de Roma y su imperio.

Que si lo importante es el fondo. Que lo primero es la estructura para luego vestir el santo. Que no te preocupes que esto sólo lo lee tu madre. Que lo importante es el careto con el que sales un poco más arriba —será por eso de que te reconozcan para partírtelo cuando te metas en algún charco—,...

Y en estas tribulaciones andaba yo, más entretenido que San Francisco intentando conseguir la rendición del oso de Llamas de Laciana, cuando desde el ayuntamiento de la capital —berciana— me devolvieron a la realidad. Lo que realmente demandan los ciudadanos no es que hables de desahucios, ni sobre el desierto industrial que es el Bierzo, ni del incremento en las listas de espera de nuestro hospital. Lo que quieren es pan y circo.

Es la historia de siempre. De Roma, del Madrid con Franco, y ahora, de Ponferrada con su Nerón. Ha llegado a tal punto la fascinación que se siente por este personaje, —se ha convertido en un habitual en todas las tertulias de bar de la ciudad, compartiendo protagonismo con los Neymar, Bale y compañía—, que ya hay quien incluso insinúa que el próximo 5 de septiembre será él quien pregone las fiestas de la Encina. A falta de confirmarse lo del pregonero, de momento, lo que si tenemos es circo —el de Fofito—, pero llegados a este punto, no hay que descartar nada. Por si acaso, no estará de más ir poniéndonos en antecedentes. Emperador virtuoso del lira o el arpa, apasionado por los mundiales de cuadrigas, seguro que fue homo antecesor del ex pedáneo de Mosteiros —por su afición a los mecheros del Celta—, y uno de los primeros beneficiarios del ‘dedazo’. No sería de extrañar que Aznar se hubiese fijado en él para nombrar sucesor, pues como Claudio —el emperador, no confundir con el entrenador de la Deportiva—, entre su ‘hijo’ y el ‘otro’, eligió al otro. Y así les fue.

De su sucesor, el hispano Galba, ya nos ocuparemos en otra ocasión.

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