Diario de León
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juan carlos franco
León

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Desde anoche Ponferrada está, oficialmente, de fiesta. ¿Los motivos? Pues me imagino que, como las meigas, haberlos debe de haberlos, pero lo difícil, sobretodo para algunos, será encontrarlos. ¿Los otros? Esos —que por cierto no es difícil identificar porque todavía conservan ese tostado tan típico de la playa de Silgar— no necesitan excusas para estar de fiesta.

Pues a estas y a otras reflexiones parecidas tenía pensado dedicar estas líneas hasta que el domingo, bien entrada la noche, otros que también tiene la piel oscura, pero no de tumbarse al sol en Sangenjo, me hicieron cambiar de opinión. Fue en Villafeile, pero de igual forma podría haber sido en Valseco, Pereda o San Juan de Paluezas. Un pueblo, montaña arriba en el Bierzo Oeste, al que su pérdida de anonimato le llegó, como en tantos otros casos de ‘pequeñas parroquias’, sin quererlo.

Una cerilla, un mechero, el peor de los momentos —todas las horas hieren pero las últimas de la tarde matan— y en dos suspiros las llamas ya están acechando al pueblo. Y de ahí a ser noticia en todos los medios de comunicación sólo hay un paso. Así sucedió en esta pedanía de Balboa. Y allí me encontré con ‘Bubba’, pregunté por Karim, y me imagino que ‘Eboué’ también andaría por esos montes . Supongo que también habría manolos, pepes o juanes, pero estos chicos, hace tiempo ya que me tocaron la fibra.

Su historia es la de esos subsaharianos hacinados en pateras que durante el verano ocupan espacios en televisión. La suya es una historia con final feliz, pues ellos sí alcanzaron la ‘tierra prometida’. Aunque ese paraíso, a veces sean los montes de Balboa convertidos en un infierno, y la oscuridad que lo envolvía todo, sólo rota por el resplandor de las llamas que intentan sofocar, seguro que les devolvió a aquella otra oscuridad en medio de la inmensidad del mar. No se si son héroes o sólo se limitan, como sus compañeros, a hacer bien su trabajo. Lo que sí tengo claro que si el que ‘arrimó la cerilla a la yesca’ los conociera, supiera de su historia, se lo pensaría dos veces, ya que el preservar el monte y no poner en peligro a los pueblos no hace que le tiemble la mano.

Y una reflexión final: si como se apunta en los partes de la Junta, los incendios son, en su inmensa mayoría, intencionados... ¿Hay tantos hijos de mala madre sueltos?

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