Diario de León

HISTORIAS DEL REINO

¿R.I.P. a la U.P.L.?

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margarita torres
León

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En 1995, sus primeras autonómicas con presencia, la U.P.L. alcanzó 2 procuradores cuando para muchos leoneses aquel esfuerzo, titánico, de conseguir presentar un partido que buscase distinguir a León, en medio de una autonomía que pivota sobre los intereses económicos de Valladolid, suponía una verdadera pica en Flandes. O en Fuensaldaña, que casi venía a ser lo mismo, pero sin capitanes de tercios por el medio. O quizás sí. Tal vez demasiados. Porque la UPL ha sido un partido con mucho líder por centímetro cuadrado en el que, a pesar de su carácter asambleario, en pocas ocasiones se ha escuchado la voz de los disidentes. De aquel 2,55% de los votos, se pasó a un 3,71 en 1999. Tres leoneses se sentaron en las Cortes, otrora “castellanoleonesas”, para demostrar que podían y debían ser Castellanas y Leonesas, gracias a la confianza de 53.791 personas que esperaban escuchar la voz de Joaquín Otero allende de las fronteras de esta provincia. Cuatro años más tarde, en 2003, subió el número de votos hasta alcanzar la mítica cifra de 60.331, aunque se perdió un procurador por aquello de que la despoblación, en nuestra tierra, causa estragos.

Comenzaron, al fin, las traiciones y cuchilladas. El quítate tú pa´ponerme yo, la plasmación del viejo dicho árabe, que tanto eco ha tenido en nuestra tierra, por desgracia: “quédeme yo tuerto si tú te quedas ciego”. Por el camino de la ambición del trepa, fueron cayendo uno tras otro todos los que se dejaron la piel por ese partido que un día aglutinó tantos votos y despertó respeto en Valladolid. De la mano de Melchor Moreno de la Torre primero y, especialmente, de Javier Chamorro después, hasta hoy, la montaña comenzó a convertir su ladera en pendiente y ésta en el Puerto de Despeñaperros. Y se llegó a las más altas cotas de la miseria: de sesenta mil votos a poco más de veintiséis mil. Ese es el verdadero resultado de la gestión de Chamorro. Afirman los sabios que quien se rodea de buena gente y profesional, enmascara su sancta mediocritas convirtiendo el defecto en virtud. Poco virtuosos fueron los líderes upeleros, vistos los resultados y el creciente desafecto de los votantes. Mala es la herencia que deja el todavía Presidente del partido, y escaso, o nulo, el efecto de la presencia de la U.P.L. en las Cortes de Valladolid.

¿Ha muerto el leonesismo? El social no. Seguirá vivo, sobreviviendo a los malos representantes que trepan a sus ramas para cercenar el futuro a cambio de su presente. Hoy se presentan dos candidaturas para el posible cierre de unas siglas que pudieron convertirse en la bisagra autonómica. Salvo milagro en forma de renovación total, ¿a quién deberemos culpar de su lenta agonía? Respóndalo ustedes por mí.

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