CON VIENTO FRESCO
Camino de Santiago
Hace veinte años, en diciembre de 1993, el Camino de Santiago era declarado Patrimonio de la Humanidad. Quizá algunos pensaron que un camino con más de mil años de historia, hollado durante siglos por cientos de miles de peregrinos, no necesitaba de tal declaración para mantener su interés y vigencia; pero hay que reconocer que aquella le proporcionó un nuevo impulso, no solo en el número de peregrinos que diariamente lo siguen, sino en la creación, por iniciativa pública y privada, de unas infraestructuras que han cambiando sustancialmente la forma de recorrerlo. La red magnífica de albergues, los hoteles y casas rurales en muchos pueblos del Camino, los restaurantes y mesones que animan la vía jacobea, muestran que aquel, sin dejar de ser una ruta de peregrinación, se ha convertido igualmente en un atractivo turístico para miles de personas.
La provincia de León, por la que el Camino Francés discurre a lo largo de doscientos kilómetros, es un buen ejemplo de esos cambios, que han logrado infundir nueva vida a muchos pueblos, que sin él se verían abocados a la despoblación. Incluso ha sido un revulsivo para restaurar el patrimonio religioso y civil de villas y ciudades de la ruta, cuyas iglesias se abren para que los peregrinos puedan orar en ellas o simplemente visitarlas. Quienes hemos hecho el Camino, todo o desde nuestros hogares, sabemos lo difícil que resulta salirse de él. Porque, pese a todas esas ventajas, caminar requiere un gran esfuerzo y las fuerzas no siempre son suficientes para hacer etapas excesivamente largas. Por eso salirse del Camino para visitar lugares de interés, aunque no estén muy alejados, es algo a lo que pocos peregrinos se atreven. El Camino es una ruta larga pero estrecha y, hasta ahora, con poca influencia más allá de sus bordes.
No se trata de convertir a los peregrinos en turistas ni es bueno modificar las motivaciones de hacer el Camino. Sin duda, en un porcentaje muy alto, siguen siendo razones religiosas o espirituales: visitar la tumba del apóstol. Esto es lo que justifica su existencia; pero también son muchos los que desean conocer gentes y paisajes, admirar el arte nacido al socaire de la peregrinación, disfrutar de la gastronomía. En el Camino esto solo puede lograrse en parte; hay que informar que más allá hay un mundo que visitar en algún momento como turistas. Pero para ello debe mejorarse la información sobre los atractivos de las comarcas por donde pasa. Las autoridades, los consejos reguladores que promocionan nuestros vinos, carnes y frutas, y la Junta han de hacer un nuevo esfuerzo en ese sentido. El futuro del Camino está garantizado, pero si queremos que su influencia vivifique la provincia debemos insistir en su promoción.