Publicado por
Juan Carlos Franco
León

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En esta semana en la que los amantes del deporte rey están de enhorabuena por encadenar jornada tras jornada, casi sin tiempo para disertar sobre el agarrón de Pepe o los gestos de Messi, el fútbol de acá, el de andar por casa, está en pie de guerra. Aunque el tema venga de Pucela, —de dónde sino, si es allí donde cortan y reparten el bacalao futbolero—, nada tiene que ver con la trifulca montada entre el incombustible Tomé y el no menos imperecedero Villar por un quítame allá un Salmantino.

Nada de eso. En esta ocasión, el asunto en cuestión tiene que ver con la esencia misma del fútbol. Con los niños y no tan niños que todavía consideran este negocio en el que se ha convertido el balón de cuero como lo que fue en su origen: un deporte.

Sin embargo, a estas alturas de partido, sólo ellos deben mantener esa ingenuidad. Los otros, los que lo único verde que han pisado últimamente es la moqueta de sus despachos o el único barro que ensucia sus manos es el que se untan en caras sesiones de lodoterapia, esos, han decidido creerse la falsa realidad de los partidos del Plus y pensar que los aparcamientos de los campos de Toral, Camponaraya o Vega de Infanzones están poblados de las mismas cabalgaduras que los ronaldos y neymares utilizan en esa especie de reality-show en que se ha convertido el balompié patrio.

Nuestros prohombres del deporte rey se han creído que todo el monte es Bale. Han perdido el norte sobre lo que debe hacer una federación por su deporte: cuidar la base, mimar a los aficionados. Lejos de eso, consideran su posición como la profesión que les lleva a ganarse, en algún caso muy bien, por cierto, la vida. Y por eso no les duele el subir un quinientos por cien las cuotas que deben pagar los delegados de los clubes modestos por un carné para hacer las veces de un entrenador que, en la mayoría de los casos tampoco se pueden permitir tenerlo. Y sus dietas por desplazamiento tampoco les permiten ver la injusticia que cometen al obligar a estos aspirantes a mister a tener que desplazarse a Pucela para hacer un examen de chichinavo —me extraña que Tarsicio, el PB o quien mande en la UPL todavía no hayan puesto el grito en el cielo al respecto—.

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Del fútbol solía decirse que eran once contra once donde, como en todo en esta vida, siempre ganan los alemanes. Debe ser que nuestros directivos han pedido la doble nacionalidad.