Diario de León
Publicado por
césar gavela
León

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Si don Luis Puig fuera todavía el presidente de la UCI, de la Unión Ciclista Internacional a cuyo frente estuvo diez años, habría pocas dudas de que el Mundial de ciclismo tendría lugar en Ponferrada, en España. Don Luis Puig fue un gran valenciano y fue un gran español porque en el viejo Reino de Valencia no hay ningún problema en sumar las dos armónicas identidades.

Si en Cataluña mucha gente quiere dejar de ser española, como parece, en la tierra de Joaquín Sorolla tal cosa no sucede. Y eso que el viejo reino de Valencia es la patria del siglo de Oro de las Letras del idioma que comparte con Cataluña y las Baleares. Ausias March, Rois de Corella o los autores del Tirant lo Blanch eran valencianos y no catalanes.

Pero don Luis Puig murió en 1990. Yo llegué a verle alguna vez por Valencia: era un señor calvo, fornido, con gafas, con pinta de labrador sabio y socarrón. Pero hace ya mucho que pasó aquello y ahora el Ayuntamiento de Ponferrada tiene que lidiar con otros gerifaltes ciclistas y no con el carismático don Luis. Y ya se sabe que son muy hirsutos, en general, y desconfiados, y hasta taimados y oscuros esos dirigentes de las organizaciones internacionales de los deportes más populares.

El mundial que tanto anhelamos parece que está algo en el aire. No sabemos cuánto, pero el asunto no está cerrado del todo. Y hay que rematar ese empeño. ¿Qué hacer? No lo sé, pero me parece que Ponferrada debería tener un mayor apoyo público estatal o autonómico, al igual que otras ciudades que organizan eventos de tanta envergadura. Por otra parte, la ayuda en este caso no es excesivamente costosa.

Así estamos cuando queda menos de un año para el acontecimiento. Entre diversas noticias tranquilizadoras pero todavía sin la confirmación inapelable. El impago de unos dineros que había que haber realizado el día 20 no abona la confianza de la UCI precisamente, y como las cosas no se aclaren muy pronto podemos encontrarnos en medio de una frustración muy grande. Ojalá que no.

Probablemente estamos pagando el precio de ser tan pequeños y remotos vistos desde Florencia o París, sin olvidarnos de la gran crisis económica que todo lo invade. Impresiones que nos hacen sospechar que el mundial esté amenazado por ávidas urbes que están a la que cae. Ciudades mayores y más expertas y con mejor infraestructura. Y a saber si algún jeque no anda por ahí ofreciendo millones de dólares a cambio de llevar los mundiales a los desiertos de Dubai.

Tenemos que plantar cara y luchar por el campeonato. El mundial es un sueño, una tentativa muy osada y un compromiso enorme para la ciudad. Solo tendremos una oportunidad así en muchas décadas y no se puede escapar.

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