Diario de León
Publicado por
Venancio Iglesias Martín Catedrático de Literatura
León

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En el telediario, espacio especialmente cuidado por los responsables, se cuela sistemáticamente una paradoja lingüística, con carácter de oxímoron, es decir, el colmo de la paradoja. «Silencio estruendoso» es oxímoron que a su lado resulta una zapatilla rusa. Me refiero concretamente al homicidio denominado imprudente. Se me dirá que los oyentes saben a qué se refiere el locutor. Pero un homicidio nunca puede ser prudente, por consiguiente, jamás un homicidio puede denominarse imprudente. Los periodistas suelen andar precipitados en la elaboración de las noticias, lo cual les lleva a cometer errores lingüísticos burdos que luego no quieren corregir, porque saben que el uso es lo que decide en los cambios de significado de las palabras; asunto peligroso, porque se hacen responsables de perversiones dañinas, que terminan siendo normales en un pueblo charlatán y (oxímoron) bastante mudo al mismo tiempo. Claro hombre. Si un homicidio es imprudente no es tan homicidio. Se lo ha caracterizado con una adjetivación que no le corresponde y le hace, en cierto modo, aceptable.

El juez podría reconvenir al homicida que lo ha cometido, de esta manera: «Ese homicidio ha sido muy imprudente, podría haberlo realizado con más prudencia. Hay que ser más cuidadoso; no se puede andar por la vida matando imprudentemente». Vamos, que parece que el juez invitaría a la alevosía que eso sería la prudencia en este caso.

La temeridad, brutalidad, barbarie o distracción criminal de un conductor, no es una imprudencia, que en cierto modo disculpa al homicida, sino que debiera considerarse una agravante del crimen sobre el peatón indefenso en un paso de cebra. El código, benevolente como corresponde a la simpleza democrática española, ya lo califica con una cierta atenuación: «homicidio por imprudencia temeraria». Pero, insisto, imprudente no es el crimen. Imprudente y temerario puede ser el conductor. El homicidio se produce por temeridad e imprudencia al volante, o porque el conductor empinó el codo más de la cuenta, o sea, de forma imprudente, o porque se metió un chute o se fumó más que temerariamente, o «twiteaba», o porque se enfadó con la novia o con el mundo, o vaya usted a saber en qué punto, un acto nace de la imprudencia... Pero cometió un homicidio y esa es la realidad. Si fue exceso de velocidad o exceso de alcohol o exceso de imbecilidad… que lo determine la policía y lo confirme o lo desestime el juez, pero la noticia (y ya estoy siendo pesado) no puede enunciarse como homicidio imprudente, porque, insisto, no existe el homicidio prudente. Esa calificación es tan idiota como aquella de los versos del romance de Clodulfo, un tío de mi pueblo que liquidó a su familia. El poeta, ju, ju, pone en boca del asesino dos versos gloriosos: yo he dado muerte a los míos/ con resignación y fe. Salta a la vista que el homicidio y el crimen excluyen conceptos como esos, aunque haya enfermeros que maten piadosamente enfermos terminales y ancianos; o médicos que realicen los llamados «abortos» terapéuticos (como si la gestación fuera una enfermedad) días antes de que suceda el parto y por «piedad» para la madre que puede sufrir un «¡trauma psicológico!». No son homicidas «piadosos», sino asesinos que recurren paradójicamente a la «piedad» como justificación del crimen. ¡Oxímoron! No te canso más lector. Los locutores de la tele seguirán años machacando con esa forma idiota de noticia hasta que la gente crea que hay homicidios prudentes y alguno crea que mató a su abuela imprudentemente porque dejó cabos sueltos y la policía lo pescó.

De otros clichés ya te he hablado, amigo y lector amable. Te repetiré algunos para que no los olvides. La imagen boxística de «no bajar la guardia» para indicar que hay que mantenerse alerta, es correcta, sólo que, repetida y repetida, indica falta de idioma o pereza o imitación cerril de lo que el otro dice.

Esa otra frase de que «saltaron todas las alarmas» es una sandez alarmante porque en los sucesos fortuitos no había alarmas conectadas. Y la de que «la policía no descarta ninguna hipótesis» cuando lo ignora todo, no me digas que no es otra memez. Podría decir: la policía busca alguna pista, la policía investiga cuidadosamente, la policía aún no ha encontrado pista segura, la policía tiene varias hipótesis que es preciso verificar, la policía todavía no ha puesto a prueba ninguna hipótesis, se investiga en muchas direcciones… etc. El cliché «no se descarta ninguna hipótesis» es cómodo, resuelve la descripción de la ignorancia policial, pero aburre. ¡Vuelve a la escuela de periodismo, muchacho! Pero tampoco me hagas mucho caso, porque, sin ser pesimista, he de decirte aquello de que «para quien es mi padre buena es mi madre». Para la masa lectora, tan chica, con tan poca lectura y tanto mensajito simple de «facebook» o tanto «twiteo o —horror, he leído la palabra riente y maloliente «guasapeo»—, para la masa lectora, digo, bueno es el periodista que cuenta así las cosas. Y el consejo podría twitearse así: nda waaaapo, qué wai, xque no wuelves al koooole, porfaa!!! ¡Total qué más da!

«De buena mañana» es una fórmula que oí a una locutora rubia y mona emperifollada de microfonía en la Primera. «Ya de buena mañana comenzó el calor» o algo así, es frase que, para quien no sabe francés, o no significa nada o bien significa lo contrario de lo que la niña mona del micrófono quiso decir: «bien entrada la mañana». El afán de sorprender lleva a estas dislocaciones del lenguaje que, si no se las pone coto, terminará en jerga. Existe la palabra temprano y su afectivo, tempranito… ¿Por qué «de buena mañana» que es una traducción infecta del francés, «de bon matin»?

La pereza, la gracia infantiloide o la ruindad en el ahorro trae otras fórmulas que se oyen en muchos sitios: ¡Buen finde! ¡Buen día! La primera es una necedad; la segunda es una simpleza que se supone razonablemente sensata, si no es tonta traducción del catalán. Sensata, porque parece mejor desear la bondad día a día que no en conjunto. En castellano tenemos un generoso «buenos días» que es frase sincopada de «buenos días le dé Dios». (Cierto que Dios ha muerto, según se sabe de buena tinta por filósofos alemanes muy listos. Dios ha muerto pero la Merkel se va haciendo hueco). ¡A nosotros nos queda el «buenos días» de la frase, en plural, hombre! Es tradición castellana de psicología barata, que los catalanes son ahorradores muy agarrados y dicen «bon dia», pero, hombre, el buen español pide generosidad en el deseo… ¿Qué es un día? Diga usted «buenos días», si no, parecerá que le regatea al oyente la bondad de los días que vienen y van y los pocos días que a todos nos quedan. Cada día es santo, cada día tiene su santo. Pues eso. ¡Diga buenos días con todo el afecto que pueda, caramba! No sea catalán que sólo es generoso en el pedir y en el ahorrar.

¡Buenos días te dé Dios, lector, o si Dios no existe, que la Merkel, no te los jorobe! Espero no haberte aburrido.

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