TRIBUNA
Monumento a los fusilados

Tras casi una década de espera, la Asociación Foro por la Memoria de León inaugurará el Monumento Capilla Laica a las personas fusiladas por el franquismo en el Cementerio de León mañana 12 de octubre a las 12 horas.
Hace ya 9 años, el 4 de noviembre de 2004, Foro por la Memoria de León presentó una moción para la construcción de este monumento en memoria de los represaliados y fusilados por el franquismo, que fue aprobada en pleno municipal del 11 de marzo de 2005 por unanimidad de todos los grupos políticos del Ayuntamiento de León. Todos estuvieron de acuerdo en que con este memorial «León saldaba su deuda histórica» con las víctimas del franquismo que habían luchado y defendido la legalidad democrática de la República.
Gracias a los listados aportados por investigadores, como Wenceslao Álvarez Oblanca y Secundino Serrano, a los extraídos de archivos históricos con la colaboración de la Asociación Aerle, a los que han ido facilitando los propios familiares y al libro de registros del cementerio, se ha logrado desvelar la identidad de los más de 1.500 «paseados» leoneses y leonesas que figuran en el monumento.
Quienes habían permanecido fieles a la legalidad eran juzgados como rebeldes, mientras que quienes los juzgaban eran los que habían apoyado el golpe de estado. Fueron apresados, casi siempre maltratados hasta la agonía y luego fusilados, aunque su muerte consta en los registros del cementerio de León como «parada cardíaca». De esta masacre no existe ni una sola referencia histórica en la ciudad. Por eso el Foro ha pretendido con este Monumento recuperar la memoria de todos los paseados que fueron enterrados en la fosa común del cementerio de León y que ahora yacen bajo modernas construcciones de nichos.
La obra está construida a modo de «Capilla Laica» en la que las familias y la sociedad en general, puedan rendir tributo a la memoria de aquellos que fueron represaliados por la defensa de la legalidad republicana y de una sociedad más justa y democrática. Dos grandes muros de hormigón convergentes forman sus paredes laterales, separando este espacio del resto del cementerio, cerrando un recinto destinado a la meditación y el recuerdo. El interior está recubierto de lamas de madera, en las que se intercalan las placas de metacrilato donde consta el nombre, los apellidos, la edad, el lugar de nacimiento y la fecha en la que perecieron las víctimas de la represión franquista.
La construcción de este monumento responde a la demanda de decenas de familiares de represaliados durante el franquismo. En esta década de espera, muchos de los familiares de los más de 1.500 fusilados que han apoyado esta iniciativa han ido falleciendo sin poder ver plasmada una de sus luchas fundamentales: rendir tributo a la memoria de aquellos que fueron represaliados por la defensa de la legalidad republicana y de una sociedad más justa y democrática.
Pero se pretende recortar elementos simbólicos sustanciales del proyecto original que dotan de sentido y significado a todo el monumento, alegando un motivo económico y administrativo que no se puede admitir en una institución como Serfunle, encargada de realizar la obra, que cuenta con superávit económico estos años.
En la convergencia de los dos muros se tendría que situar un motivo escultórico en forma de árbol republicano realizado en metacrilato transparente, que simbolizaría la memoria que aflora desde el olvido, pero es uno de los recortes en el monumento del actual equipo de gobierno del PP. Tras infructuosas reuniones con el alcalde de León, que se negó a acabar el proyecto según el proyecto inicial del arquitecto Oscar Garcia Luna, la presidenta de la Diputación de León, a la que también quiso recurrir el Foro, ni siquiera quiso recibir a los miembros de la asociación.
Eliminar los símbolos que le dan significado supondrá que dentro de cien años, las generaciones venideras no sabrán qué sentido tenía este monumento. Por eso no es admisible permitir que se haya eliminado el elemento esencial que le da sentido a todo el monumento, es decir, el árbol alegórico que simboliza la memoria de estas víctimas.
Este árbol enlaza con el grupo de siluetas de personas entrelazadas que recorren el exterior del monumento. Estas siluetas unidas como parte de una colectividad de destinos similares por las ideas que defendían, la de los represaliados que sufrieron el mismo destino, la fosa común, recorren el muro hasta hundirse en el suelo, introduciendo la mano de la última en el muro de hormigón, indicando la dirección del motivo escultórico del árbol, que, como árbol que se alza, debiera simbolizar la memoria histórica que aflora desde el olvido: una especie de impulso que sale de la piedra del suelo y que tiene conexión con las siluetas de fuera, que van despareciendo.
Tampoco se pueden recortar otros elementos sustanciales: el monolito explicativo del significado de este monumento o la mesa-bloque que da título a la obra y en el que habría una breve memoria descriptiva para informar a las futuras generaciones del sentido del mismo. Pero tampoco se tendrían que suprimir las tres placas añadidas con los colores republicanos en cada muro. Ni que se recorte el número total de placas, que suman 1.873 placas, pues es un número simbólico, diseñado así en la obra original del arquitecto Oscar García Luna, que alude al año de la proclamación de la Primera República, en referencia a la continuidad republicana.
Todos estos recortes que ha introducido el PP del Ayuntamiento de León, han alterado el proyecto original. De esta forma parece que el PP se niega a «saldar su deuda histórica», tal como se proclamó por parte de todos los grupos políticos del Ayuntamiento, que aprobaron la realización de dicho monumento por unanimidad, hace ocho años.
La falta de previsión en la realización del monumento adjudicado en marzo de 2009, el retraso de años por decisiones políticas injustificables y el consiguiente aumento de costes asociados a la paralización de la construcción del monumento, no pueden ser ahora una excusa para recortar un homenaje digno a quienes dieron su vida por defender la legalidad republicana vigente, volviendo a convertirlos en víctimas de este nuevo dislate. No pueden ser las propias víctimas las que vean de nuevo recortada la memoria de su lucha por motivos ideológicos escondidos detrás de excusas económicas o administrativas.