Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El profesor leonés Santiago Trancón asegura que Cervantes era de aquí y no de Alcalá de Henares. También lo cree Eutimio Martino, para quien era de la zona de Oseja. Y hay quien mantiene que fue gallego. Trancón lo argumenta en un estudio para cuya publicación busca 3.500 euros. Quijotismos con el dinero propio, los justines. Supongo que los alcalaínos están moscas, aunque la datación de la nacencia de don Miguel en su localidad no fue hasta 136 años después del fallecimiento; por cierto la fijó un villafranquino, el padre Martín Sarmiento. A todos nos gustaría que don Miguel fuese nuestro paisano. Si somos la cuna del parlamentarismo ¿por qué no pudimos serlo también del batacazo trascendente, que no otra cosa fue aquel anhelo de su personaje de ensalzar la caballería, en una España en la que ya no había más aventura posible que esquivar las cornás del hambre? Pero don Quijote lo que tenía distorsionado es el sentido de la realidad, no el de lo verdadero, que son territorios distintos. La verdad le asistía, la razón ya no tanto. Ah, el pasado remoto que nos solemniza el ego colectivo. Mira que si no sólo Cervantes es leonés sino que además la tumba de don Quijote, esa que Unamuno propuso a los españoles salir a buscar, estuviese debajo de Patatas Blas. Uf. Mejor no, que con la Comisión de Patrimonio hemos topado.

Conmigo que no cuenten para ir a guerrear contra los alcalaínos. Pase un intercambios de improperios o unos mandobles a medio camino, pero hasta ahí. Si nuestros nicanores son exquisitos, sus costradas no se quedan atrás. No hay que hacer feos gastronómicos, ni de los otros. Lo recalcó Ortega y Gasset, en su Meditaciones del Quijote: «No me obliguéis a ser sólo español, si español sólo significa para vosotros hombre de la costa reverberante. No metáis en mis entrañas guerras civiles (...) Yo aspiro a poner paz entre mis hombres interiores y los empujo hacia una colaboración».

La patria chica importa, pero aún más ha de importarnos la grande. Y la de don Miguel fue, es y será la gran biblioteca del mundo. Cervantes, paisano universal. De todos. «Vale, salvo de Valladolid», pedirá un leonesista de la línea cazurra. Ay, señor, señor. Por cierto, muy ricas sus garrapiñadas.

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