Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Ponte en mi lugar, decimos y se nos dice. ¿Lo hacemos? Hace unos días tuve un resbalón en la calle. Tras unos días en casa, como el protagonista de La ventana indiscreta , pero sin sacar fotografías a mis vecinos, he salido con muletas. Jamás me había puesto en lugar de un cojo. Es más, estoy descubriendo que vivimos rodeados de ellos. En mis recorridos callejeros, los indispensables, voy contabilizando colegas del gremio. Y no salgo de mi asombro, somos muchísimos. Si nos diese por dar a la vez un golpe en el suelo con nuestras muletas podríamos crear un temblor, si no sísmico al menos psíquico, por el susto. ¿Y por qué no me había fijado hasta ahora? Porque no las utilizaba, así de ramplón. Vemos a los demás cuando somos capaces de ponernos en sus limitaciones. Por ejemplo, no es cierto que los cojos tengamos mal gerol. Y me avergüenzo de haberme reído con aquel que diu: «Se escapa un león del circo, cunde el pánico y todo los espectadores salen corriendo entre alaridos y expresiones de terror. Uno de ellos es un cojo que huye a su propio ritmo. Una mujer clama: ¡Qué se come al cojo! Y éste exclama indignado y chusco: ¡El animal se comerá a quien quiera!». Ahora, comprendo su rebote. Me pongo en su lugar y diría lo mismo. ¿Y si lo que le gusta es el solomillo de señora? Hace unos días un amigo, por aquello de dar ánimos, me espetó al verme llegar: «Me recuerdas al cojo Manteca». Ya saben, aquel de las revueltas estudiantiles de los ochenta, aunque participase en las mismas porque pasaba por allí. ¿Le golpee con la muleta, solté un taco? No, acepté sonriente la broma. Eso sí, se la guardo en plato frío.

Hay quienes me proponen que denuncie al Ayuntamiento. Uno conoce bien sus tropiezos en la calle y este último fue culpa mía, que camino algo ensimismado. Tampoco la caída del Imperio Romano se debió sólo al asfaltado de la Vía Sacra. Pero del resto de mis traspiés en la rúa sí tiene la culpa la concejalía correspondiente. Mi cojera es temporal. La de la economía leonesa esperemos que también, aunque tardará más en caminar erguida. Y, señores financieros, si no es mucho pedir, la próxima vez que se les escape de la jaula el león del capitalismo que lo haga ya comido.

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