HISTORIAS DEL REINO
Un proyecto de futuro
Afirman los expertos más optimistas que, en tiempos de crisis, nacen oportunidades de futuro. Cierto que de la misma obtienen los ricos más riqueza, mercadeando a navaja de bolsa con la pobreza de los unos y los trabajos de los otros. Todos ellos meras cifras a los ojos de estos tiburones de vidas y futuros.
El pasado fin de semana se presentó en San Marcos una muy interesante propuesta, liderada por una empresa nacida por y para los leoneses, Cidecot, guiada por uno de esos hombres que mantienen viva la ilusión de que, juntos, podemos cambiar el mundo. O al menos intentarlo. Procede de la montaña, como tantos otros que, años atrás, abandonaron la dura vida norteña. Regresa con un sueño: que los ayuntamientos, las juntas vecinales, los empresarios, la administración, las asociaciones, los ciudadanos, sumemos esfuerzos desde todos los frentes para crear las bases de un desarrollo sostenible para esta provincia, que agoniza sin cuidados paliativos. Quizás, ha llegado la hora de apoyarnos en el pasado, sí, pero para pisar con fuerza y alzarnos hacia un futuro, no sólo para nosotros, sino para las generaciones de mañana.
Sin la ganadería, la montaña languidece; sin la agricultura, se ahoga el sur de la provincia. Sin empresas, minería, apuestas serias, como la estación de esquí de San Glorio, habremos de aceptar que el paisaje será insuperable, nacerán más osos y lobos que niños… pero habremos despoblado nuestra tierra para siempre. Invertir con calidad y protección al medio ambiente es garantizar nuestros recursos. Pero no nos dejemos llevar ni por el ejemplo de la Sama-Velilla —que arda en el infierno de la locura para siempre—, ni por proteger a todas las especies menos al ser humano. Ambos, hombre y naturaleza, llevan conviviendo milenios y pueden hacerlo con cordura.
Llega en buen momento la iniciativa. El nivel de endeudamiento de España es insostenible, por más que algunos se empeñen en ver que ya hemos salido de la crisis. O empezamos a hacerlo. No. Sólo hemos recuperado credibilidad crediticia, pero no gracias al Estado, con sus mil asesores, embajadas, enchufados y zagamandarrias varias, sino al sacrificio de una ciudadanía que, sin comerlo ni beberlo, ve a uno de cada cuatro españoles en el paro, perseguido al pequeño empresario por un quítame allá este euro en la factura, y frustrados dos de los pilares de nuestra hasta ahora envidiable sociedad: la educación pública y la sanidad.
Es hora de movilizarnos los ciudadanos. No ya en las urnas, visto el efecto que tiene, sino desde la base del esfuerzo en pro del bien común. No desde los bares, sino desde iniciativas de futuro que hermanen esfuerzos, que sumen y no resten. Por eso, esperamos con ilusión que el proyecto de Cidecot salga adelante con la ayuda de todos. Y que pronto le sigan otros.