Diario de León
Luis Urdiales
León

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Mira qué respeto le van a tener a León; las obras de asfaltado de la ciudad las hace una empresa de Zamora; las de las carreteras de la red que compete a la administración autonómica, a Silván, las empapelan unos de Valladolid que llevan más tiempo aquí que el catarro; los jefes indígenas de la cosa sanitaria cobran pagas extraordinarias por liquidar presupuesto y gasto mientras llevan la cuenta de resultados a una gestoría como si se tratara de una sociedad anónima; no hay dinero para contratar médicos, no, pero se convocan diez plazas en gabinetes de prensa, por si hubiera ya pocos alicatadores para dar de llana la realidad y poner trabas a los que creen que levantar alfombras es una dedicación noble. Acabamos de asistir a relevos históricos en el escalafón de mando en el edificio de cristal de Eras de Renueva, que es donde se mide el pulso de dinamismo que le queda a esta sociedad arrugada. Resulta que ahora las jefaturas de servicios se heredan como el principado de Mónaco, de padres a hijas. Hay virreyes que llevan en la poltrona de la avenida de Peregrinos desde antes de que Herrera aprobara las oposiciones. El dato detalla la fiabilidad del sistema. Y no parece que sea mañana cuando esté previsto abrir las ventanas para airear el olor a rancio. Más bien se encarga el retranqueo, no vaya a ser que al vulgo, apurado por la necesidad, se le ocurra alguna algarada. El control es férreo. La oposición debería valorar que tiene enfrente fosos, y después fortalezas inaccesibles, forjadas en treinta años de vida paralela a la realidad, de privilegios, excepciones, de monstruos creados sobre el boceto del PRI mejicano. Está la cosa como para moverse, justo ahora la Junta acaba de superar al Real Madrid en número de periodistas entregados. Tenemos la realidad y la realidad adulterada. La de los titulares amasados contra la+ evidencia, que se ofrecen como efecto placebo para que el contribuyente crea que puede conceder una tregua a su cabreo por la desatención; placebo al fin para que el consejero duerma a pierna suelta y al día siguiente se entretenga en el café con el publirreportaje dedicado. No hace ni falta que Sáenz Aguado venga a corroborarlo. Hay un ejército de mercenarios instruido para fusilar a quien rompa filas de aquí a dos años.

A lo mejor sí; a lo mejor la cosa mejora en León. La gente ya no se lleva cualquier cosa de los contenedores. Ahora escoge.

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