Diario de León

Manuel Arias Blanco

Redactar bien, la mejor baza

Publicado por
Manuel Arias Blanco exprofesor de secundaria
León

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Si, con frecuencia, decimos que una buena expresión oral «tapa» muchas deficiencias y mejora el planteamiento ante los demás, también debemos decir lo mismo de la expresión escrita. De hecho nadie sabe una cosa en tanto no acierta a expresarla. Esas frases que se oyen de que «lo tengo en la punta de la lengua», «lo sé, pero ahora no me sale», etc. de nada sirven cuando tengo que ponerlo por escrito. Es verdad que este tipo de canal nos permite la reflexión y la vuelta atrás, cosa impensable en una exposición oral.

También es archiconocida la expresión «lo escrito, escrito está» y por ello muchas veces se pagan facturas de un calado inusitado. Una carta de amor interceptada, un correo erróneo, incluso unas frases en boca de personajes de una novela, etc. pueden dar al traste con relaciones estables o persistentes. ¡Cuántas enemistades han nacido de la lectura de novelas —supuestamente de ficción— porque el autor ha trasladado a sus personajes hechos de la vida real!

Los que hemos sido profesores de lengua y nos hemos ocupado y preocupado por la buena expresión, sobre todo la escrita, agradecemos cuando en un examen la redacción está correcta. Cuenta no solo el contenido, sino también la forma. Un estudiante se ha de esmerar cuando redacta en la caligrafía —letra bien legible—, en el orden de lo que expone, y en la extensión —dependiendo de la pregunta y del tiempo—. De nada vale que nos enrollemos en una pregunta de poca importancia. Aquí sí que prevalece «lo bueno, si breve, dos veces bueno». De nada vale que expliquemos algo si no entendemos la pregunta —vale más, en este caso, no contestar—. El alumno ha de adecuar la respuesta al tipo de pregunta, a su importancia y al tiempo del que dispone.

La redacción ha de ser lo más sencilla y clara posible. Hay que utilizar las palabras más adecuadas —a veces, técnicas— y no las más rebuscadas. Los sinónimos han de estar muy presentes para que den agilidad al desarrollo del texto, pero a veces las repeticiones son preferibles, antes de que por ser originales entorpezcamos la lectura. Y los nexos —conjunciones, palabras de apoyo, marcadores textuales— deben ir formalizando el desarrollo de la redacción. De hecho, un escrito, aparte de las palabras clave que estructuran el texto, ha de estar iluminado por unos postes de indicación muy claros. Se podría decir que el contenido son los coches de una carretera y las señales son los nexos que nos advierten cómo debemos conducir. Palabras como «pero, porque, como, además, por el contrario, en resumen, etc.» son los indicadores que nos llevan con seguridad hasta la meta.

El diccionario y la lectura son las dos herramientas fundamentales para dominar la expresión escrita. Con la lectura, con la buena lectura, vamos fijando estructuras de composición. Vemos que una frase ha de estar completa y que no debe ser excesivamente larga, a no ser que dominemos muy bien las estructuras. Con el diccionario, con el manejo constante de este libro, nos familiarizamos con las palabras más precisas para las respuestas. El dominio de estos dos instrumentos nos dará la suficiente claridad para una redacción adecuada.

La gramática, en concreto la sintaxis, juega un papel preponderante. Aquí es donde debemos poner en práctica lo que hemos asimilado en clase: elaborar frases completas, con sentido, bien construidas. Y la ortografía, para una buena y clara ordenación de las oraciones, de manera que el lector no tenga que estar continuamente parando para interpretar qué queremos decir. Si ordenamos las oraciones, si señalizamos bien, si utilizamos un vocabulario adecuado, el corrector irá corrigiendo con placer nuestro escrito. Un texto será mejor calificado cuanto más limpio quede al final de la lectura.

Por eso es bueno que antes de entregar el examen lo leamos como si no fuera nuestro, como si fuéramos a corregirlo. Una vez acabada la redacción, tenemos que sacar tiempo para la corrección. Es el tiempo de aclarar palabras, poner tildes, señalizar mejor o añadir algún concepto. Esos cinco o diez minutos antes de entregar el examen son clave para una última y eficaz corrección, aunque hemos de acostumbrarnos a ir haciéndolo sobre la marcha. Con el tiempo, así lo haremos.

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