Necesario impulso para el Palacio de Congresos
El Palacio de Congresos de León sólo dispone en estos momentos de asignación presupuestaria para mantener el ritmo de las obras apenas un año. Y eso ocurre cuando sólo faltan cuatro meses para que se cumpla el plazo de ejecución de veintiocho que se marcó inicialmente. Evidentemente, en febrero no va a estar terminado. Ni mucho menos. Si el ritmo de las obras lo marca la ejecución de la inversión es especialmente revelador el dato de que sobre un presupuesto de 79 millones de euros todavía están pendientes 52.
También lo son de las dificultades de las administraciones para cerrar sus aportaciones: el Gobierno todavía deberá presupuestar 9,9 millones, la Junta 20,5 una vez que haga efectivos los 5 ya aprobados y el Ayuntamiento 14,7.
Tal y como están las cosas, es extraordinariamente complicado justificar hoy en día algunas inversiones que en otro momento se vieron como imprescindibles y fácilmente asumibles. Pero para León es un proyecto irrenunciable que nace avalado por la vocación de la capital como ciudad de servicios, por su atractivo en todos los aspectos y por la disposición ya próxima de un transporte ferroviario rápido y eficiente.
La debilidad de las economías tradicionales y del sector industrial, todavía lejos de ser compensado por el dinamismo de la biotecnología y en general de las nuevas tecnologías, debe hacernos perseverar en la búsqueda de nuevas actividades económicas. En ese sentido el Palacio de Congresos debe ser un nuevo motor que impulse la ciudad.