EL CORRO
Con la vista en las europeas
Con independencia de su balance final —ésta por ver si el partido sale reforzado o acentúa aún más sus debilidades— la inminente Conferencia Política del PSOE puede enmarcarse ya en la precampaña de las elecciones europeas previstas en mayo de 2014.
Desde que España se incorporó a Europa (1986), nunca unos comicios europeos habían suscitado tanta expectación previa como los del próximo año. Y no por su resultado en términos de escaños, el cual en ningún caso influirá sustancialmente en la correlación de fuerzas del Parlamento Europeo. El interés radica en lo que tienen de test para calibrar el verdadero estado de opinión de los españoles ante la convulsionada política nacional.
Dos años y medio después de la victoria de Mariano Rajoy, permitirán medir en las urnas el grado real de desgaste electoral sufrido por el PP, si el PSOE de Rubalcaba sigue estancado o consigue remontar posiciones, si los terceros en discordia (IU y UPyD) confirman el crecimiento electoral que les otorgan los sondeos y si irrumpen en liza alternativas emergentes conectadas a las movimientos sociales alzados contra unas políticas que han endosado sin contemplaciones al Estado del Bienestar y al bolsillo de los ciudadanos el insoportable coste de la crisis.
El resultado de las europeas permitirá comprobar por tanto si la crisis se lleva por delante el bipartidismo que ha dominado la política española desde la transición, o si al final los españoles prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer y optan por no alterar de forma sustancial el mapa político. Todo ello mientras se abre paso la idea de que más pronto que tarde es imprescindible abordar una reforma de la Constitución, que, entre otras cosas de no menor importancia, racionalice un Estado de las Autonomías hoy por hoy cada vez más insostenible.
Conscientes de lo que está en juego, parece que PP y PSOE esta vez van a confeccionar con especial cuidado sus candidaturas europeas, tradicionalmente utilizadas para proporcionar un «retiro dorado» a dirigentes amortizados o desubicados de la línea política oficial del partido.
Desde la óptica de un país que ha estado amenazado de intervención y sigue sometido a los dictados de la «troika», las elecciones europeas deberían de servir para exigir una Europa que responda a una soberanía compartida y no a los intereses dominantes de Alemania y sus aliados. Pero todo indica que, salvo asuntos tan puntuales como la Política Agraria Común —que en Castilla y León representa el 9,2 por ciento del Presupuesto de la Comunidad—, ese debate quedará en un segundo plano frente a los importantes problemas domésticos de la política nacional.