TRIBUNA
Soy equipo, soy leonés

En un escenario de provincias un paso adelante puede parecer una osadía, pero para quien como yo ha tenido que debutar en la trincheras antes de encabezar una candidatura es más que puro teatro, el de la vida, y esto que a priori puede parecer el guión de un sainete no es sino el relato de quién por principios y por propia iniciativa decidió hacer de la política un modo de estar y de pensar, pero no de vivir. Algo que de tan sencillo resulta de lo más complicado por sus implicaciones a un lado y a otro de la familia, del trabajo, de los amigos y de tantas cosas que me unen a mis compañeros, algunos de ellos primero amigos que no conciben la vida sin la lucha y le han dedicado tanto tiempo que yo a su lado puedo parecer un principiante.
Pero nada mas lejos, milito en la UPL desde que la curiosidad despertó mi conciencia, desde que las desigualdades de mi país dejaron paso a las de mi región y por extensión a las de mi pueblo y aunque ni me acuesto ni me levanto todos los días con nada que no haya elegido, debo a mis paisanos el cargo del que más orgulloso y satisfecho estoy: ser alcalde de mi pueblo, y en ello invierto mi tiempo libre, ese tiempo que un dicho de mi tierra asevera que Dios da de balde. Mi objetivo a corto plazo es hacer la vida de mis vecinos más cómoda, más atractiva, y a largo plazo lo que ellos decidan libremente sin ataduras al cargo que represento y sin prejuicios de ninguna clase.
La política para mí no es más que un medio para conseguir un fin, lo tengo muy claro y el mío no es otro que seguir viviendo en mi tierra que es León y colocarla en lugar que se merece, hacer de esta Región un lugar con futuro y no sólo con historia, donde nuestros hijos puedan tener un plan de vida y no de jubilación, no quiero que mi pueblo sea el lugar adonde sólo piensen en regresar, ambiciono que sean ellos mismos los que escriban su futuro aquí o donde ellos quieran, que no sea para ellos una imposición o una salida desesperada para echar raíces fuera de León.
El pasado 20 de octubre asistí expectante a la manifestación « en defensa de las juntas vecinales « que recorrió las calles de León, pues como vecino y alcalde de mi pueblo contemplo con asombro como los que nos gobiernan pretenden llevar a cabo el expolio de nuestros bienes comunales justificando que su regulación paliará las dolencias de los propios ayuntamientos y ahorrará dinero a los contribuyentes. Lamentablemente lo más descabellado es que los ayuntamientos que presenten déficit pasen a gestionar sus propias pedanías, es decir que saneen sus arcas con los rendimientos de las juntas vecinales.
Durante años éstas han administrado pastos, montes, cotos de caza y otros recursos de nuestros pueblos, un patrimonio que nos hizo mas llevadera la supervivencia en ellos, y que supondrá para todos un atropello por la propia Ley de Racionalidad y Sostenibilidad de la Administración Local que el ministerio que dirige el señor Montoro quiere colarnos, en otras palabras que la particularidad de las juntas vecinales dejará de serlo y lloverán tributos y recortes como en todo lo demás.
Un disparate tras otro como el de no hacer referencia alguna a los pedáneos de nuestros pueblos que han sido los grandes desconocidos de la política municipal, ya que su labor nunca ha sido reconocida ni pagada.
Desconozco la cifra exacta de los que acudimos a la convocatoria, pero nunca los suficientes, con el triple ya me hubiera conformado. En resumen, que la calle la tomamos asociaciones y políticos, éstos últimos para hacernos ver y oír, porque pese a quien le pese somos la clase de políticos que aún puede hacer mucho por nuestra tierra, y no la clase política que nos ha embarcado en este naufragio y se cobrará la vida de nuestros pueblos y nuestra propia identidad. Y como el día no podía acabar como otro cualquiera me reuní con amigos, compañeros y simpatizantes para reflexionar sobre lo mucho que nos convine estar unidos y lo poco que nos cuesta. Pero no me fui satisfecho a casa, porque me hubiera gustado que la manifestación a la que acudí hubiera sido convocada, liderada y abanderada por mi partido, por la Unión del Pueblo Leonés, ni siquiera tendríamos los leoneses la necesidad de unirnos en asociaciones para defender lo nuestro, si el partido al que me afilié hace dieciseis años hubiera seguido creciendo y representándonos en las instituciones y ganando terreno para que nadie nos ningunee ni nos haga parecer ciudadanos de segunda.
Creo sinceramente que la UPL ha tocado fondo, somos el partido que más votos ha perdido en los últimos cuatro años en toda España, ¡ahí es nada!, es el momento de dejar de lado las lamentaciones y de señalar con el dedo. Al fin y al cabo los que nos han hecho daño no están entre nosotros que es mucho más de lo que pueden decir otros partidos de sí mismos.
Desde el último Congreso nos hemos lamido las heridas hasta el hartazgo y para estar en primera línea me he sacudido los inconvenientes, las trabas y los estereotipos y he hecho un ejercicio de responsabilidad, me empujan las personas que sienten como yo, para ilusionar a los que se han ido y convencer a todos los demás, para hacernos crecer como fuerza política en respuesta a lo que se espera de nosotros en esta región y solo podemos hacerlo sorprendiendo, porque no estamos sujetos a ninguna ideología pero sí a un ideario que no es otro que conseguir la autonomía para nuestra Región Leonesa que nos pertenece por derecho, y después volveremos a hacer historia y si hace falta la reescribiremos.
A fuerza de repetir que mi partido necesita otro combustible que ahora no tiene me quedaré afónico, que el fuelle que hemos perdido nos lo tienen que dar los jóvenes, que son ellos los que vienen pisando fuerte y los que pueden ayudarnos a que no repitamos los mismos errores, y que si nos equivocamos será porque lo hemos intentado.