Diario de León
Publicado por
césar gavela
León

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Castilla y León cuenta con cuatro ciudades medianamente grandes: León —antigua capital de un reino del que nacieron Portugal y España—, Burgos —corazón de Castilla—, Salamanca —sede universitaria de Iberia por antonomasia— y Valladolid, que fue capital de la nación y que ahora lo es de la comunidad.

Lo malo es que esas magníficas ciudades no tienen detrás lo que sería deseable: cuatro o cinco millones de habitantes que vivirían en las provincias del Duero y que nos darían otro peso político y económico.

Castilla y León es tan grande como Portugal pero tiene la población de la provincia de Valencia. Y en la provincia de Valencia hay solo un aeropuerto. Tenemos nombre y belleza, encanto y gastronomía, raíz y piedra, palabra y tiempo, pero nos falta la gente. Tenemos élites cualificadas, tenemos ideas y ambiciones y una orgía feliz de monumentos, pero nos falla la demografía. Y esa realidad, que no tiene remedio, produce situaciones complicadas. A veces absurdas.

La comunidad autónoma no puede tener cuatro aeropuertos viables. Eso es evidente. Y por ello tiene cuatro aeropuertos inviables. Bastante menos el de Valladolid, que es la ciudad mayor y más céntrica. Ciudad que no solo pretende el predominio aéreo sino también el exterminio de los otros tres aeropuertos sin apenas aviones, sin apenas viajeros, sin cafetería y sin nada. Solo con algunos funcionarios y en el caso del de León, con una terminal formidable.

No hay viajeros y menos aún en estos tiempos de crisis. Es lo que dan de sí las nueve provincias unidas. O las siete en realidad, porque Ávila y Segovia parecen mirar más para Madrid que al resto de Castilla y León. No digamos a efectos aéreos. Y en esa rebatiña de lamentos, Valladolid trata de llevarse el gato al agua, una vez más. Como ya sucedió con muchos otros proyectos e iniciativas financiadas con dinero público. Ahora toca centrifugar las miserias aéreas de los otros aeropuertos.

En medio de la pugna, da la impresión de que Burgos y Salamanca, menos beligerantes, asumen su papel vicario. Por otra parte refrendado por unas cifras de vuelos y pasajeros que solo pueden conducir a la carcajada. Salamanca y Burgos suman 43.000 viajeros frente a los 378.000 de Pucela. Y queda León, con sus exiguos 51.000 pasajeros. León frente a Valladolid en la lidia de los vuelos menguantes. Polémica adornada con exabruptos y enfados, con sonoros desencuentros entre políticos del mismo partido. Es un asunto que no parece tener remedio. Y que prueba, una vez más, que nuestra comunidad no está vertebrada, ni lo estará. Que no es una autonomía a la hora de la verdad, sino nueve provincias que van por libre.

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