MARINERO DE RÍO
38 euros
Esa es, señores del jurado, la cantidad exacta; esa, la piedra angular de este portentoso crimen contra la cosa pública; esa, la escandalosa cantidad adeudada a las arcas consistoriales. Esa cifra, señores munícipes, gestores de las aguas cazurras y todos aquellos que la presente vieren y entendieren, marca la frontera entre la higiene y la insalubridad; entre un modo de vida normal y propio del siglo XXI y las nuevas formas de pobreza que ya están llamando a nuestras puertas con mano huesuda y vacilante. Debiendo 38 euros se la juega el ciudadano de a pie, comete tremebunda infracción, y la implacable municipalidad, con mano férrea —que no les tiemble el pulso a nuestros gobernantes, ¡así aprenderán estos aprovechados!— precipita al ciudadano a los albañales de la inmundicia. Bravo.
Lorenzo, paisano, parroquiano, hombre que habla con voz amable y tranquila aunque lo envuelve por entero un cansancio como de sudario, debe 38 euros de agua. Percibe los dineros repartidos entre los parados de larga duración y el mes anterior no pudo hacer frente al pago. Ni cortos ni perezosos, los responsables del servicio (¿público?) proceden a cortarle el suministro y, no contentos con tal, le pasan el recibo de lo que cuesta la cuchillada: más de cien euros. Si es incapaz Lorenzo de hacer frente a la treintena... ¿podrá hacerlo con la centena?
Funestas lógicas nos gobiernan cuando políticos y empresarios que delinquen, sobornan, usurpan, despiden, defraudan, corrompen y roban millones de euros charlan, ríen, inauguran o se abrazan tras el escaparate de la pequeña pantalla y además se tumban a esperar a que enmohezcan unas causas retrasadas a golpe de talonario. Al tiempo, Lorenzo agarra sus garrafas y se va a la fuente de Puerta Castillo a coger agua como lo hacían nuestras abuelas. Él sí es multado sin piedad, y a velocidad supersónica.
Las personas hacen las normas, y no circuitos sin alma ni compasión, ni capacidad de discernir dónde el propio sistema incurre en la criminalidad. Métodos tiene que haber, y los admite el propio Lorenzo: pequeños plazos, prórrogas, estudio del caso... Escuchen, señores del jurado, escuchen el terrible caso del hombre que debía 38 euros...