TRIBUNA
Menores y educación

Un menor, mientras es menor, sea varón o mujer, es «un proyecto de adulto maduro y equilibrado» que está bajo la responsabilidad directa de su familia, sus maestros y de toda la sociedad, de todos nosotros. Los proyectos son como semillas que esconden múltiples potencialidades y éstas siempre se gestan en entornos y climas (familia, escuela, amigos, sociedad…), positivos unos, neutros otros y algunos nocivos.
Según sea la calidad del clima, del humus en el que cada proyecto de adulto enraíza, crece y se desarrolla, fundamentalmente durante los 13/14 primeros años de vida, así será luego el ser humano, el ciudadano que formará parte del tejido social.
Acaba de aprobarse en el Congreso de los Diputados la nueva Ley de Educación (Lomce). Una Ley que debería ser como la «Carta de navegación» que oriente a padres, maestros y sociedad global en las formas y maneras para «cultivar» esas «semillas o proyectos» de personas adultas que son nuestros menores. Pero vemos que no ha habido consenso político en tema tan trascendental y se trasmite el siguiente mensaje: «cuando nosotros lleguemos al poder, derogaremos esta ley que no nos gusta». ¡Olé tus…! O sea, que antes de nacer, a la nueva ley ya le han preparado el ataúd, con lo cual se crea un desaliento total, visto lo ocurrido con las anteriores, desde la Logse. Padres y maestros acaban tirando la toalla, refugiándose en una pasiva resignación que perjudica gravemente a los menores y a toda la sociedad.
Los adultos, que somos los encargados de educar a los menores, de trasmitirles valores y principios por los que regirse de forma equilibrada en la vida, no podemos ser tan irresponsables, no podemos darles la callada por respuesta, porque en ese caldo de cultivo o humus social solo germinará decadencia y pobreza mental, lo contrario a la armonía cívica que todos deseamos.
Celebrándose mañana el día de los derechos del menor, los adultos no deberíamos ofrecerles un regalo tan pobre, por no decir envenenado, con la total falta de entendimiento, casi enfrentamiento, en una ley de Educación, tan básica y fundamental para su porvenir.
Yo, como ciudadano de a pie, me pregunto: ¿de verdad es tan nefasta y negativa esta nueva ley que desea poner remedio, a tanta desidia y dejadez en que ha ido derivando nuestro sistema educativo nacional? ¿de verdad no tiene nada positivo que mejoraría y arreglaría muchos de los desaguisados de las anteriores legislaciones en materia educativa? ¿es que vemos tan poco que no llegamos a admitir la degradación a la que hemos llegado y que el Informe Pisa nos recuerda una y otra vez?
Solo desde la pura y dura ideologización se puede negar el pan y la sal a los técnicos del Ministerio que han esbozado los nervios centrales de la Lomce, o a la oposición, que también hace sugerencias muy positivas. Lo correcto, a mi juicio, es aportar correcciones que la mejoren, la enriquezcan.
Decir lisa y llanamente desde la oposición que «la derogarán cuando lleguen al poder», es como salir de la casa de Herodes para volver a la Pilatos, olvidando que en el trayecto entre ambas hemos matado a todos los «inocentes». Eso no es hacer política, eso es trabajar para contentar al «grupito ideológico propio», no para servir a este país.
Lo sensato, a mi modo de ver, es que unos y otros se dejen de mirar al propio ombligo, se dejen de prejuicios de derechas e izquierdas y redacten una ley duradera, donde el menor y sus intereses sean el centro y el gran objetivo de nuestro sistema educativo. Prescindan de todo lo secundario y los «adornos ideológicos» déjenlos fuera de la ley para que sean los propios padres los que «coloreen» la formación de sus hijos con los tintes ideológicos o religiosos que les sean propios; será la forma de que entren menos en las aulas y gobiernen con más responsabilidad sus propias casas. No carguemos a la escuela con responsabilidades y pesos que no le son propios ni específicos.
Desde mi perspectiva, desde mis canas, pues de una u otra forma llevo trabajando en educación desde los 20 años, observo en ambas formaciones políticas contendientes, mucha «ideologización», excesivo interés partidista y escasa generosidad y amplitud de miras a favor de la ciudadanía; ésta mira con ojos atónitos y asiste con estupor a la lucha inane y vacía de contenido entre los llamados padres de la Patria. Y si esto hacen los padres, ¡apañados van los hijos!
Señores políticos de la derecha, del centro o de la izquierda, ustedes no pueden estar mirando a la punta de su zapato, como no se puede ir mirando a los pedales cuando se está corriendo en una competición. Este país, que les ha elegido para regir nuestros destinos, espera de ustedes que tengan visión de futuro, que proyecten una verdadera política para cuidar y mimar a la «Polis» y a sus «politas» y para ello no pueden poner como único o principal objetivo sus ideologías, que a ustedes les servirán para vociferar o divertirse en sus mítines, pero que a nosotros no nos arreglan la vida.
La ciudadanía les pide sensatez y sentido común para legislar adecuadamente y para resolver los problemas que tenemos aquí y ahora y los que nos esperan en un futuro inmediato que es pasado mañana.
Y no quiero acabar sin recordarles que la Educación, la Sanidad y la Atención Social Básica no son patrimonio ni pueden ser bandería de ningún partido, son derechos esenciales de toda la ciudadanía y por eso su obligación, como políticos, es ponerse de acuerdo para proteger adecuadamente estos derechos de los adultos y de los menores; solo así podremos progresar adecuadamente como personas y como País; en caso contrario, ustedes no se merecen el sueldo que les pagamos. ¡Eso!