LA SEMANA
Del café para todos al café para nadie
Ese es el riesgo que corre España justo cuando comienza a percibirse la esperanza de salir de la crisis: pasar del café para todos al café para nadie. La impactante frase se la escuchamos al rector Salustiano Mato, de la Universidad de Vigo, al comentar las dificultades administrativas de las instituciones educativas para encontrar por su cuenta fondos en la sociedad; o los problemas para retener el talento que se genera aquí y que con frecuencia acaba fichado por centros de investigación alemanes o británicos; o lo discutible que resulta que los recortes por problemas presupuestarios deban ser aplicados de forma lineal sin permitir discrecionalidad a quienes gobiernan las instituciones en momentos tan difíciles, justamente para conservar a los mejores.
Tiene razón. Hacienda vigila los presupuestos pero siempre con atención casi exclusiva a la asignación de gastos, lo cual está bien, pero debiera compaginarse eso con flexibilidad para innovar, por ejemplo, en la consecución de fondos procedentes de la colaboración con la empresa privada. Algo se ha avanzado, en unas universidades más que en otras, pero estamos lejísimos todavía de lo que sucede en otros países. Quizás la imagen que más me impactó hace un par de décadas, cuando tuve el privilegio de que el profesor Manuel Castells me mostrara personalmente el Silicon Valley y algunas universidades californianas, fue comprobar la distancia mínima entre aulas y empresas. Solo una calle separaba la Universidad de Stanford de la Hewlett Packard, empresa creada por dos ex estudiantes de ingeniería de aquella institución. A la universidad y a la industria española no la separa la anchura de una calle sino su longitud, y siempre eligiendo la calle más larga de cada ciudad.
Es un grave problema de enfoque estratégico. José Luis Leal, ex presidente de la Asociación Española de la Banca sostiene que si se compara la inversión por estudiante en las universidades públicas europeas, las españolas no están precisamente a la cola. No es, por tanto, un problema de recursos sino de orientación a la empleabilidad. De nuevo la distancia de una calle en sentido longitudinal entre lo que se enseña y lo que requiere la empresa. Buena parte de los profesores, incluidos los de escuelas de negocios, no han trabajado nunca en aquello que enseñan. Claro que hay excepciones: por ejemplo, la medicina, vinculada en bastantes universidades a un hospital, con posibilidad real de prácticas. Que haya tantos médicos españoles dirigiendo hospitales y centros de investigación en Estados Unidos es prueba de que aquí los médicos se forman muy bien. De Valentín Fuster a Luis Rojas Marcos; del doctor Baselga, especialista en cáncer de mama, a Miguel Cabanelas de la Clínica Mayo, en Rochester, que acaba de operar al rey. Y podríamos hablar de los ingenieros industriales o de los civiles.
La crisis agita el escenario y empuja a reconsiderarlo casi todo. Aunque resulte duro decirlo, en bastantes aspectos ha servido para quitar grasa, resolver ineficiencias y cortar despilfarros. Hubiese sido deseable comenzar a combatirla antes, como denuncia, aunque demasiado tarde, el ex vicepresidente Pedro Solbes. Seguramente no hubiera exterminado tantos puestos de trabajo. Solbes lo advirtió pero Zapatero no quiso escuchar. Zapatero no estaba en la economía sino en el marketing y, cuando la crisis estalló de forma virulenta, no tenía solvencia para afrontar una recesión. Repartir es fácil; gastar sin medida y a crédito, lo puede hacer cualquiera. Dirigir un país con dificultades exige otros perfiles y otras actitudes.
Ahora es tiempo de ser selectivos en los recortes, sobre todo cuando ya se anuncia una segunda ronda de la reforma laboral. Está demostrado que aplicar tijera de forma lineal, aunque pueda parecer más justo, acaba por podar aquellos brotes profesionales que son decisivos para crear riqueza. No todos los puestos en una empresa son tan trascendentales, como claman los comerciales cuando se contraponen a los financieros. En la universidad, en la investigación y en la administración en general sucede lo mismo. Atentos: no vayamos a terminar en el café para nadie.