Castilla y León ve luz en la oscuridad de la crisis
El presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, anunció el viernes pasado en León, en su intervención ante los empresarios, que esta semana se conocerían datos que iban a dar lugar a la esperanza. Parece claro que el primero de ellos, el de la contabilidad autonómica, se supo ayer y, ciertamente, abre un atisbo de luz en el negro túnel de la crisis económica.
El mero hecho de que el Producto Interior Bruto (PIB) regrese a la senda positiva, tras años de números rojos es, sin ambages, una buena noticia. Eso sí, no puede dar pie a pensar que ya está todo hecho. La propia consejera de Hacienda, Pilar del Olmo, quiso dejar claro que esto no es más que un paso hacia la dirección correcta. El principal problema, y es ahí donde deben mirar las administraciones y los dirigerentes, la Junta en este caso, es que ese buen dato no está llegando a las familias, en las que la grave situación económica continúa haciendo estragos.
La economía creció una décima durante el verano y registró la primera tasa intertrimestral positiva en casi dos años. Y ademásejoran todos los sectores, la inversión y el gasto público. Castilla y León sale de la recesión, su crecimiento es mínimo, pero es crecimiento al fin y al cabo y así debe ser tenido en cuenta. Pero este buen dato, que atisba un camino de esperanza, no debe hacer creer que está todo hecho, que ya se ha dado con la tecla y que la crisis se ha acabado. Ahora más que nunca es necesario redoblar las políticas para afinzar ese mínino crecimiento y que llegue a los ciudadanos.