EDITORIAL
Variar la Constitución requiere generosidad
El aniversario de la Constitución pone una vez más de manifiesto que son mayoritarias las voces que reclaman una revisión del texto aprobado en 1978 para actualizarlo y solventar los problemas de desfase que genera con lo que es hoy la realidad social y política. Pero la verdad es que no es un asunto fácil porque se requiere un consenso que active la generosidad de unos y otros para conseguir un equilibrio como el que hace 35 años permitió diseñar un texto que ha logrado la mayor etapa de democracia en paz de toda la historia de España.
El éxito del 78 que se plasma en la evolución vivida por la sociedad en los más diversos planos debería tenerse más en cuenta. Esa actitud permanente de batalla política sólo es buena si se tienen en cuenta los intereses electoralistas, pero precisamente hace falta ir más allá y de manera especial si se quiere atender al complicado momento que vive España con casi seis millones de personas sin un puesto de trabajo.
La tensión generada desde hace ya demasiado tiempo hace que hoy sea muy difícil volver a la senda del diálogo constructivo que permitió en un momento tan complicado como la Transición que se entendieran personas de posturas tan antagónicas. El camino recorrido desde entonces ha facilitado muchas cosas y por eso es complejo entender que hoy no sea posible ese acto de generosidad que tantos frutos ha dado a la sociedad española. Renovar la Constitución debería ser una prioridad. Para todos.