Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tenía aún pocos años (68 hoy es nada) para despedirse de esta escena Fernando Argenta, músico, periodista, estudiado en Leyes, divulgador, entrañable comunicador y valedor de la música clásica en las ondas y teles con tal empeño, que logró hacerla afable y luminosa en los varios programas de gran audiencia que jalonaron su carrera, Clásicos Populares seguramente el más recordado, en Radio Nacional, acunando la sobremesa o armonizando la siesta (y Araceli González Campa dándole pie o réplica con inteligente y contagiosa jovialidad).

Sabe el lector que era hijo de Ataúlfo Argenta, quizá la mejor promesa española en dirección de orquesta si no hubiera muerto joven. Mamó Fernando, pues, la música, aunque se aligerara de joven liándose con su guitarra un tiempo en el grupo de Micky y los Tonis que balbuceaba entonces un rock híbrido de entre el Bronx y Chamberí.

Y se ha ido con más de una pena porque a la música clásica le está pasando lo que a la filosofía, que anda en la cuneta educativa y apeada de la radio o de la tele porque no es tan original o extravagante como un gorgorito en bragas de Miley Cyrus... o en pantalón de cuero si lo gargarea Bisbal.

Hoy no pita la música que amansa las fieras, sino la que las enerva.

Argenta se apenaba con estas derivas y en Radio Nacional le hicieron la gran putada jubilándole hace ocho años porque sí. Su programa de música clásica se fue al tacho. Y con el disgusto le entró la cangreja; la melancolía es la peor puerta del cáncer.

De esta insensibilidad y de la vulgrización actual fue casi de lo único que hablamos en los Madriles la noche en que compartimos la antena de oro que nos había concedido la Asociación de Radio y Televisión. Todo lo que contaba nos parecía inconcebible.

Pero siguió son sus proyectos y su ilusión de contagiar la fascinación por la música grande a los más guajes (su Conciertazo pide secuela) y en su memoria ha de exigirse que la música sea asignatura obligatoria. Ya que nuestros estudiantes son los últimos de Europa, quizá alguno quiera tocar la flauta y pueda ganarse la vida como músico callejero... es lo que les espera.

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