CORNADA DE LOBO
Sembrar miedo
Tenemos tal obsesión con la seguridad personal o pública, que empieza a ser enfermiza... y viciosa (especialmente, para el que hace negocio con ella)... noticias de robos, asaltos, violaciones o atracos iban antes en las páginas de sucesos, después de las esquelas, y hoy son la mejor carne de portada... después, teles y revistas multiplican por mil las alarmas sociales que generan todos los episodios truculentos del historial nacional del crimen, esos que tantos programas y suplementos repiten ad nauseam con rocíosvaninkof, desirés, asuntas, olgas o martas ( queridos colegas : vuesto regodeo informativo también es enfermizo y vicioso... pero rentable, ¿no?).
Si el miedo se siembra, se cosechan pánicos con los que se perfuma el vendedor de candados.
Este gobierno (que te multará por hacer fotos a la poli, aunque esté en un in fraganti o saltándose su raya) ha tenido la genial idea de permitir a seguratas y detectives que actúen policialmente en espacio público, en la calle, fuera de recinto privado, su única competencia... es decir, a partir de ahora los vigilantes podrán intervenir, detener, documentar, cachear, hacer vigilancias que ahora sólo realizan los cuerpos de seguridad... o pegar los típicos «tiros al aire» que misteriosamente acaban tantas veces en el entrecejo de alguno (que lo pregunten en los Estados Unidos, donde el gatillo siempre habla el primero y un adolescente negro con sudadera y capucha es, naturalmente, un sospechoso).
Muchos policías nacionales y guardias civiles están atónitos con esta medida, con este ministro, con este patio y con esta rifa de pistolones y gorras de plato (las biseras de teja dan aún más miedo)... dicen que habrá problemas, invasión de competencias, líos... y hasta algún Touch pas à ma pute (no toques a mi puta), que es el lema de 343 intelectuales franceses contra la ley Hollande sobre prostitución.
Nuestro Ministro de la Porra ha reconocido que su ley disparará el gasto y ese pastón irá a empresas privadas de seguridad que ya nos ventilan al año 3.700 millones... vaya, magro negocio, qué raro... hale, hale, más madera, más estacas, más porras... pintan bastos.