Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

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A fuerza de escucharlo machaconamente nos lo vamos a terminar creyendo. Porque, a quién no le han espetado más de una vez eso de que estos tiempos de crisis son, más que nada, tiempo de oportunidades —está claro que siempre lo serán para unos más que para otros—.

Pues va a resultar que hay quien no sólo se lo cree, sino que está dispuesto a arriesgar su plácida vejez en demostrarlo. Y más en un sector, como el del carbón, del que sus actuales responsables están huyendo como de la peste. Un sector demonizado por el gobierno y peor tratado por casi todos los que han mamado de él durante las últimas décadas. Un sector del que lo único que merece la pena ser salvado son los trabajadores en activo.

Pues con este escenario y con la que está cayendo en los últimos tiempos, ha surgido alguien que quiere nadar a contracorriente. Un Rey, y no precisamente de los que vienen de Oriente por estas fechas para dejarles carbón a nuestros políticos, sacado de escenarios de antaño. Un Rey que no tiene nada de mago, pero que quiere hacer de prestidigitador para sacarles los colores a quienes han estado comiendo la carne y dejan el hueso pelao para que sus trabajadores se hagan un caldito estas navidades.

No sé si el proyecto llegará a buen puerto. Ni tan siquiera sé si con este capital la historia acabará peor que lo del Costa Concordia. Lo que está claro es que si un empresario dice que hay tajo por delante y se expone a perder su dinero, es que hay oportunidad de negocio. Por esto resulta todavía más incomprensible la postura de quienes llevan subidos a la ola de las subvenciones durante tanto tiempo, tensionando la cuerda para seguir, como dicen en mi pueblo, ‘ mamando del teto .’ Será que, como apuntan por ahí fuera, nos hemos acostumbrado a vivir con el colchón de las subvenciones, y eso de lanzarse a aventuras a pecho descubierto queda reservado para viejos románticos o locos.

Por eso peleas quijotescas como éstas tienen mi bendición. Empresas que desafiaron a la razón, pero que convirtieron a quienes las consiguieron llegar a materializar a ocupar lugares de privilegio en nuestra historia comarcal. Y ahora, ya no estoy hablando de Rey, sino de otro clásico como Guerra, don Antonio. Un visionario que desafío a gigantes —como la Coca—Cola—, y cuyo camino quieren retomar en estos días. ¡Mucha suerte!

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