TRIBUNA
Resultados de Pisa: necesitamos mejorar

El Informe Pisa (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes), fue creado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), en el año 2000 y, cada tres años, presenta un balance del estado de los aprendizajes de los jóvenes entre 15 y 16 años en cerca de 70 países, con datos tomados de una muestra representativa entre los años 2009-2011. Informe tras informe la Educación Española muestra carencias poco compatibles con la posición económica, política, social y general del país, a pesar de haber tomado algunas, escasas, medidas. Al menos en este último Informe 2012 los resultados ya no tienen la tendencia tan descendente que presentaba en otros años. Veamos cómo comienza el resumen del informe Pisa por parte del MEC: «El rendimiento educativo de España en matemáticas, lectura y ciencias permanece justo por debajo de la media de la Ocde a pesar de haber incrementado en un 35% el gasto en educación desde 2003 y de los numerosos esfuerzos de reforma a nivel estatal y regional». Aunque hemos aumentado la dotación, y ha habido reformas, éstas no han producido los efectos deseados, al contrario que en otros países, como Alemania, Italia, Brasil, que no dejan de subir puestos en la escala. Ello se completa con el elevado fracaso escolar en España; así, mientras en Finlandia apenas un 8% de los alumnos no terminan sus estudios obligatorios, en España uno de cada tres jóvenes deja sus estudios antes de acabar la secundaria obligatoria. La gravedad de estos resultados no puede dejarnos indiferentes porque compartimos la afirmación de Harri Skog, secretario de Estado de Educación de Finlandia: «La educación es la llave para el desarrollo de un país». Los datos están ahí y la mirada a nuestro espejo nos devuelve una imagen poco agraciada. Hasta dentro de tres años no será posible tener nuevas evidencias de nuestro progreso o descalabro educativo. Pero no podemos menos que preguntarnos a qué se debe tamaño despropósito en educación y analizar algunos elementos clave de los resultados:
—La diferencia Norte-Sur en Educación en España. Todas las comunidades situadas geográficamente en el mapa en una línea por encima de Madrid tienen unos resultados significativamente más altos que las situadas por debajo, con diferencias de hasta 55 puntos. Hay Comunidades perfectamente homologables a la Ocde en los tres parámetros evaluados: Madrid, Castilla y León, País Vasco…
—España sigue siendo un país con buen nivel de equidad educativa, pero paga un alto precio por ello en el apartado de excelencia; además en este informe se comienzan a perfilar desigualdades educativas ligadas a la desigualdad social. En matemáticas más del 85% de las diferencias en el rendimiento son atribuibles a diferencias socio-económicas, mientras que en Canadá sólo lo es el 16%.
—Pisa ha permitido identificar los rasgos comunes de los países cuyo sistema educativo produce mejor rendimiento: autonomía de los centros, buena gestión, valoración y prestigio del profesorado, liderazgo de la dirección, creación de redes, innovación, esfuerzo y aprendizaje como objetivos ambiciosos (El 84% de los alumnos japoneses deseaban enfrentarse a problemas complejos; sólo la mitad de los españoles).
—Los mejores países en rendimiento en Pisa pueden agruparse en dos grandes líneas: la asiática, con centros educativos de disciplina rigurosa, gran esfuerzo personal de aprendizaje y modelo cuasi militarista de la educación, cuyo modelo es Corea; la europea con el modelo más personalizado, basado en el desarrollo personal, la ayuda y la ética para evitar el fracaso escolar, cuyo modelo es Filandia.
—Algunas de las claves para entender por qué no nos parecemos a Finlandia pueden ser las siguientes: En lugar de ser descendientes culturales de la ética y la moral luteranas, lo somos del Lazarillo de Tormes; en lugar de priorizar la educación sobre la política, nos la tiramos a la cabeza y la usamos como arma electoral; en lugar de fomentar el esfuerzo, cuestionamos a los maestros que lo piden y abogamos por pedagogías complacientes y blandas; en lugar de tener una escuela monástica, retirada y silenciosa, tenemos escuelas de aeropuerto: salir de ellas cuanto antes con el mínimo trabajo, desfile de cohortes de escolares a los que hay que aprobar para que tomen el siguiente vuelo hacia la nada. Acusamos a los evaluadores de la Ocde para el informe Pisa de colonialismo pedagógico (los saberes de nuestros escolares son tan altos y tan profundos, que no pueden ser medidos ni evaluados por osados técnicos) y de colonialismo cultural (los saberes son subjetivos, cambiantes, cuestionables y neoliberales); en lugar del realismo didáctico para afrontar nuestras debilidades educativas, preferimos el idealismo pedagógico; señalamos como aberración metodológica la subordinación de toda la educación a una parte de ella, la parte que se evalúa y se muestra, olvidando que el resto de las partes poco difieren y juntas son el todo, mejor que la nada. Acusamos de normativos y prescriptivos los resultados de una prueba por ser artificialmente estandarizada, olvidando que todas las pruebas que pasan los estudiantes son mucho más subjetivas que las del informe Pisa. El detestar el orden establecido no exime de su cumplimiento y la deconstrucción educativa no deja de ser un serio delirio propuesto por quienes sí tienen una base educativa amplia y la desean para sus hijos, pero es un emblema de los extravíos de quienes en lugar de estudiar se dedican a vocear en las calles, acompañando a los alumnos, contra leyes educativas que ni han leído ni tienen interés en leer. A ellos hay que señalarles que los grandes adalides españoles de la educación pública llevan sus hijos a centros privados, todo un alarde de coherencia en el ámbito educativo. En todo caso no hay soluciones mágicas, pero el cambio en educación es necesario aunque tengamos profundas dudas, ya que como decía Mario Benedetti: «Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas».