Diario de León
Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

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Me fascinan esas noticias, tan pródigas en momentos de escasas noticias, en las que se da cuenta de que un estudioso de una lejana universidad (suele ser estadounidense) ha desarrollado una investigación profunda y alguna tesis más o menos vendible en papel periódico sobre los asuntos más chuscos.

Es el caso de un tal Daniel Abrams, profesor en una universidad de Illinois, cuyo equipo sostiene que la religión desaparecerá a medio plazo. Se calcula, dice la noticia, que actualmente existen en el mundo algo más de cuatro mil religiones. Seguramente dispares en la doctrina aunque, como ha demostrado la contrarreforma de Gallardón con el aborto, por debajo del ombligo todas se parezcan.

En este escenario agonizante de la fe no se descarta la hipótesis de que futuras generaciones vean la Ciudad del Vaticano convertida en el Museo Europeo del Catolicismo Romano o La Meca transformada en El mágico reino de Alá de Walt Disney . Avanzando en el convencimiento de que cuanto menos me interesan los asuntos de la fe más inclinación siento por la religión como fenómeno antropológico y cultural inherente al ser humano, no acabo de quedar convencido de la tesis que finiquita la compleja arquitectura de los dioses y de sus órganos políticos en la tierra, las iglesias. Sobre todo porque ya se sabe que deja uno de creer en Dios y termina creyendo en cualquier cosa.

La Navidad, por ejemplo, esa fiesta que sobre olvidados ritos paganos recuerda en el orbe católico el mito del nacimiento de un judío rebelde del que apenas sabemos nada, sobrevivirá a la propia Iglesia, que nunca se propuso fundar el Jesús histórico, en tanto siga aportando un sustancioso porcentaje al PIB.

De eso tratan fundamentalmente estas fiestas. Aunque el siempre innovador párroco de Cacabelos se ponga a organizar un desfile callejero conmemorativo del nacimiento, no creo que el acto aporte nuevos fieles. Si acaso, con suerte, reactivará la economía de la hostelería local hasta la siguiente efeméride festiva de la resurrección pascual. Las utopías, tanto políticas como religiosas, acaban inevitablemente superando a sus creadores y convirtiendo propuestas básicas de justicia, fraternidad o igualdad en terroríficas experiencias que acaban disueltas en los desagües de la historia. Le pasó a Marx con el estalinismo y al pobre hebrero crucificado con el paulismo. Solo la intervención de Pablo de Tarso, un judío ortodoxo convertido al cristianismo tras un ataque epiléptico, transformó una vaga rebeldía místico-nacionalista en una pesada organización que, dos mil años después, aún aspira a influir en las costumbres de una sociedad plural. Una sociedad con más de cuatro mil religiones, al parecer condenadas a desaparecer.

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