Diario de León
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NAVARRO
León

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Alberto Ruiz Gallardón es un misterio, al menos para mí. Ha pasado de ser el verso suelto del PP, el político que siendo de derechas parecía tener una concepción liberal y abierta de la sociedad, que era capaz de entenderse con la izquierda, que siempre imprimía un toque de modernidad en su gestión y que por tanto ponía de los nervios a muchos de sus compañeros de partido, a situarse en el sector más escorado a la derecha.

La pregunta es por qué. Y la respuesta es que o bien estábamos confundidos y siempre fue tal cual se manifiesta ahora o sencillamente está actuando de acuerdo a una estrategia que sólo él sabe dónde le puede conducir. Eso sí, hay que reconocerle cintura y la tenacidad a la hora de bandearse en política y si no miren la reforma del Consejo General del Poder Judicial que ha salido adelante bendecida por el PSOE, y por el mismísimo Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo que está claro es que hoy Ruiz Gallardón no sólo no es un verso suelto sino que los sectores más carcas de su partido no tienen objeción que hacerle. Lo preocupante, ya digo, es que a él no parece importarle. Pero a lo que voy, la ley del aborto de Ruiz Gallardón supone un retroceso incomprensible. Y verán, no le culpo sólo al ministro Ruiz Gallardón de éste retroceso, también tiene su cuota parte de responsabilidad el hoy ex presidente Rodríguez Zapatero. Sí, tal y como lo leen: Rodríguez Zapatero. Les explico la razón.

En mi opinión Zapatero no debió modificar sin consenso la ley de despenalización del aborto. La ley del aborto es una de esas leyes, como lo debería de ser la educación, la sanidad, las pensiones, etc. De lo contrario son leyes que no permanecerán en el tiempo, porque el día que gobierne un partido que no asuma una buena parte de esa ley, la cambiará. Pero el problema es cuanta gente habrá sufrido las consecuencias. En el caso de la ley del aborto la cuestión de fondo es que habrá mujeres que gracias a su situación económica podrán obviar la letra de la ley, incluso marchándose fuera de España a abortar, mientras que otras tendrán que jugarse la vida si no encuentran dos médicos que dictaminen que puede abortar. Para una mujer abortar es un drama, es seguramente la decisión y el dolor más grande de su vida. Ninguna mujer aborta sin una causa. Lo insoportable es que a una mujer que aborta se la vuelva a tratar como si fuera una delincuente. No digo que no haya que tomar medidas para que no sucedan cosas como las de esa clínica de Barcelona donde se hacían abortos hasta los siete u ocho meses, pero una cosa es eso y otra hacer una ley como la de Gallardón que en realidad es disuasoria.

La ley Gallardón no está llamada a permanecer mucho tiempo, será de las primeras que caigan cuando vuelva a gobernar el PSOE. Pero mientras tanto añadirá más dolor y dramatismo a la situación de las mujeres que decidan abortar. El ministro se ha equivocado con está vuelta de tuerca. ¿Es que no queda nada de aquél verso suelto de la derecha?

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