Diario de León
Publicado por
Pedro Llamas Rodrigo
León

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Navidad es palabra mágica tanto para creyentes como no creyentes. Fue, es y seguirá siendo palabra que revolucionó al mundo entero. Su sentido de la pequeñez es contrario al de la grandiosidad, siempre soñada y deseada con vehemencia por este ser racional llamado Hombre y que está en tan poca consonancia con ese ser Supremo y Superior que prefirió su nacimiento en ese sencillo y humilde establo, rodeado de acompañantes, los justos y necesarios, siendo el ser más poderoso y además el creador del mundo. Sin grandes argumentos, pero con ponderadas y equilibradas razones filosóficas, se prueba su sencilla normalidad siguiendo los rasgos de una autentica y sincera humildad, plasmada ya desde su nacimiento.

Los detalles y signos calificadores de esa humildad son las cosas que se pueden ver y contemplar con el simple reconocimiento de su originalidad y sus únicos componentes que constituyen la forma de su venida a la tierra.

De un plumazo podemos mencionar esos nombres simbólicos que entran en la definición de la Navidad, palabra maravillosa, llena de ilusión y magia con oculto encanto, hechizo y atractivo como belén, establo, pesebre …y dejando aparte a nuestra imaginación el disfrute y regocijo con el recuerdo de los demás nombres de los personajes, animales y entorno que la rodea que ciertamente se encuentran en nuestra mente siempre viva e inolvidable de nuestra niñez. Es ese conjunto de objetos, personajes y animales necesarios que integran la amena y deliciosa formación del ambiente de la Navidad.

Quién no recuerda la ilusión, el esmero y empeño que poníamos en la búsqueda de algo interesante, apropiado y adecuado para formar el belén en casa e ir aumentándolo y superar y aventajar el belén del año anterior? E incluso hacer un pequeño ahorro de nuestras propinas para poder comprar alguna especial figura que no teníamos e ir ampliando esas piezas tan atractivas del entorno del belén con ilusionado estímulo, aliento y viva esperanza de su mejora y progreso de los años anteriores. Yo recuerdo mis cambios de piezas con otros niños del pueblo.

Creo que, con la breve mención del aletargado recuerdo de nuestra niñez, se goza y disfruta. Ahora, ya crecidos, no olvidemos que la Navidad nos trae el regalo de paz y tranquilidad impreso en esas palabras que se unen a la nostálgica reminiscencia de una vaga e imprecisa mención de nuestra deficiencia y fragilidad por los despropósitos cometidos, provenientes de la débil naturaleza durante nuestra pasajera vivencia y por los derroteros tomados como viajeros transeúntes que somos por este planeta llamado tierra. Mas el aliento y optimismo, fuerza y energía que nos infunde ese Dios Supremo y Poderoso, no Vengativo sino Dadivoso, en esta Navidad, bajo el misterio de un Dios convertido en un niño al igual que nosotros, como símbolo de su humidad y ejemplo de su grandeza, unido al otorgamiento de generosidad y entrega de su eterna vivencia a nosotros, con el simple reconocimiento y admirable aprecio de esa pequeñez del belén y el integro entorno que rodea a ese Niño Dios recién nacido junto a los animales acompañantes, para dar calor a sus padres José y María, significa la superación y perdón de nuestros fallos.

Pienso que el recuerdo de la niñez siempre es aliciente cargado de alegría y gozo aunque al mismo tiempo traiga y ocasione nostalgia al saber que no volverá de nuevo. No obstante, es bueno el recuerdo y desahogo de lo pasado porque el pasado suele ser un bálsamo para la compresión del hombre de su nostálgica existencia ante la imposibilidad de vuelta y retroceso.

Siento inquietud e intranquilidad cuando al llegar estas fechas navideñas, escucho manifestaciones contrarias al canto de villancicos y de la pública exposición de belenes. Recapacito y reflexiono que quien quiere borrar nuestra niñez es que no entiende ni jota de lo que es el hombre al desear liquidar ese periodo tan alegre, ingenuo e inocente de nuestra niñez. Me atrevo a decir que viene a ser como esa tendencia actual considerada moderna y progresista de la eutanasia, al querer desembarazarse y dar por terminada otra de las etapas y periodos naturales del ser humano. Tales pensamientos tienen muy poco de elevado y sabio conocimiento del hombre, al querer acabar y borrar dos partes importantes y trascendentales de las etapas del ser humano. La niñez, primera etapa alegre, amena e ingenua y la vejez, última etapa de experiencia que sobresale y descuella por el alto, profundo e inteligente nivel práctico del hombre.

Menciono igualmente a esa tendencia de los que dicen que esta fecha debe ser llamada solsticio de invierno y no Navidad. No merece la pena hacer comentario alguno sobre estos conocedores y sabiondos de la historia, ya que sería pérdida de tiempo al estar pasando por la edad de la negación de todo.

Mi deseo es que el sentido de paz y serenidad, alivio y regocijo que encarna y simboliza la Navidad no se paralice y su recorrido continúe y siga adelante, extendiéndose por todos los rincones recónditos del mundo sin entorpecimiento ni rechazo alguno, a pesar de las distintas opiniones y manifestaciones que aparezcan del sentido de Navidad.

Aspiro a que el deseado y largo recorrido del sentido de Navidad, se convierta en ruta pacifica e ilimitada, sin lindes para todo ser humano, que con plena y voluntaria libertad quiera aceptar. Esta ruta no tiene mojones terrenales ni limitaciones de raza, color y creencias. Navidad es ruta universal como la Paz es universal sin limitación de creencias, ni lindes de heredad.

El gran misterio de la Navidad, del que no podemos olvidar los creyentes, es pensar en que Dios se hace niño entre nosotros. La Navidad es mensaje de paz y puerta abierta para todo el mundo sin exclusividad de creencias. De ahí que en todas las lenguas, inclusive en la de las personas que difieran del sentido propio de la cristiandad, todos se desean paz. La paz es universal y no tiene limitaciones de pensamiento: es un deseo íntimo del corazón humano. Por eso voy concluyendo con feliz Navidad y paz a todos los hombres de buena voluntad. En su manifestación externa, la Navidad es sinónimo de regalos, encuentros, gozo, alegría, gastos, ventas y recuerdos.

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