León

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El obispado de León se ha desmarcado en un comunicado de las declaraciones homófobas del párroco de El Burgo Ranero, en las que calificaba de posible «castigo divino» el cáncer que padece Pedro Zerolo, concejal socialista del Ayuntamiento de Madrid y activista gay. Le ha instado a no seguir haciéndolas. Encontrar argumentos para exculparlo exigía un milagro. Son tantas sus perlas que no cabe eso de un mal día lo tiene cualquiera, ni donde dije digo... Jesús Calvo es así y tales son sus ideas San Francisco lo habría llamado hermano animal. Pero en la jungla de los medios de comunicación y de las tertulias políticas se es menos proclive a los eufemismos fraternales, se le está calificando según todas las posibilidades del bestiario. «No cambiaría la vida de mi perro por la de Pedro Zerolo», afirmó el presentador del programa, otra joya. A lo que él añadió: «Es lógico, la afectividad hace acercarnos a quien lo merece». Ha esgrimido a favor de su formación que tiene numerosas composiciones musicales registradas en el archivo catedralicio, argumento ante el que no cabe más que acordarse de aquello de Woody Allen: «Cada vez que escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia».

Vincular enfermedad a castigo divino es ir demasiado lejos en el diagnóstico. ¿La gota de Enrique VIII fue por romper con la Iglesia católica? ¿Si mañana me caigo por las escaleras será por esta columna o, simplemente, porque mi ángel de la guarda se me distrajo haciendo un sudoku? Uno ni siquiera se atreve a insinuar que la calvicie de este cura pudiera ser un castigo a su soberbia. Don Jesús vive en constante enfado, sentimiento poco cristiano. No le gusta Cáritas, por considerarla coladero de masones e inmigrantes «que intentarán pisarnos el cuello el día que puedan». La libertad de expresión no consiste en el derecho a afirmar que dos y dos son cinco.

Carece de sentido del humor, de ese humor limpio que propaga el papa Francisco y que está actuando de fuerza evangelizadora. Como arrancado del monasterio de El nombre de la rosa , este párroco tiene miedo a la vida y ve enemigos por todas partes. Quizá ese sea su castigo. Pero se lo ha impuesto él mismo, verdugo y víctima. Con Dios ya hablará un día a solas.

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