Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

Peor epidemia es la apatía

Publicado por
JESÚS Á. COUREL
León

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La epidemia de gripe que padeció la humanidad entre 1918 y 1920 fue una auténtica catástrofe. Se calcula que perecieron entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo, siendo China el país con la cifra más alta de muertos (unos 30 millones), falleciendo el 20 % de los infectados por esta cepa virulenta. La gripe se llevó a muchas personas por delante, fueran trabajadores anónimos de una fábrica o artistas con nombre propio como Otto Wagner, Gustav Klimt, Auguste Apollinaire o Jacinta Marto, una de las pastoras a las que se apareció la virgen de Fátima. La gripe tampoco respetó a políticos o a reyes. Como el juez Castro, vamos.

En España los datos oscilan, siendo probable que estuvieran infectados varios millones de habitantes, de los cuales pudieron morir unas 300.000 personas. Fue el único país que reconoció la epidemia, por eso desde el extranjero se la conoció como «gripe española», aunque el primer enfermo parece ser que era de Kansas. Una de las circunstancias que aceleró el contagio masivo y su desarrollo en los cinco continentes, fue la situación desastrosa provocada por la I Guerra Mundial, de la que este año se cumplirá el macabro centenario de su comienzo. Cualquier tiempo pasado no fue mejor.

En el Bierzo, hay un dato que refleja la magnitud de esta pandemia. La Minero Siderúrgica de Ponferrada, se había constituido como empresa en 1918 con el objetivo de extraer carbón de las cuencas de Villablino y Laciana. Para facilitar el traslado del mineral, el ministro de industria Francisco Cambó, les obligó a construir un ferrocarril en un plazo muy corto: 14 meses. Como el trazado desde Ponferrada a Villablino era largo y de difícil orografía, emplearon para la construcción del mismo unas 4.200 personas, incluidas mujeres en el acarreo del balasto, capa de piedra machacada para asentar las traviesas de la vía. En el otoño de 1918 murieron, por causa de la gripe, 1.800 personas de los que estaban empleados en su construcción. Aún con todas las contrariedades, la empresa logró acabar la obra en menos de diez meses y pudo comprobar, durante décadas, que nuestra provincia tiene lo mejor bajo tierra.

Mi abuela Felisa recordaba que en La Chana (Borrenes) no hubo muertes por gripe. Su hermano Serafín fue a ver a un amigo de Paradela de Muces, que luego falleció, pero en el pueblo nadie. Por eso muchos ciudadanos, ante el miedo a ser contagiados, volvieron al campo por considerarlo más seguro. Decía mi abuela, para acabar con su crónica de la gripe, que la peor epidemia para el ser humano no era vírica, que era la apatía. Visto lo visto, cuanta razón llevaba... Había que hacer algo.

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