AL TRASLUZ
Y volvió
Si a mi abuelo le llegan a informar de la llegada de una ciclogénesis explosiva hubiese exclamado: «¡Por fin podré asistir a una revista de doña Celia Gámez, fenómeno de la naturaleza!». El pobre hubiese guardado cola para nada. En estos días, el viento ha sacado pecho, se nos puso peleón y faltoso. Ahora parece que se le ha apagado la mecha. Ha sido más el susto que la traca. A todo columnista le inquieta que se le vuelen las ideas, con lo que cuesta cazarlas. El domingo una racha de aire se me llevó dos: un título muy agudo para ésta de hoy martes, ya lo siento, y con el mismo mandoble, la de apuntarme a un curso de iniciación a la danza del vientre. He de reconocer que esta última la di por bien perdida. Bastante tiene uno ya con haber entrado en la edad de dónde he dejado las gafas, cuando las llevo puestas, para que encima vega un cierzo cualquiera y me descoloque el desorden. Pues sí, vas por la calle concentrado en tus cavilaciones y, de repente, de un soplido te quitan lo cavilado, como quien te da un tirón y huye en motocicleta. En fin, a nadie le gusta estar paseando tan tranquilo por Ordoño y, de repente, aparecer en la otra punta de León, pero en el de Guanajuato. No sé si la naturaleza será sabia, pero bruta lo es un rato.
Aún así, nos anunciaron un ciclón a lo Tarantino y se ha quedado en uno de Disney. En Macondo con estos soplos no les hubiese dado ni para un chascarrillo al caer la tarde, pero mejor que las cumbres borrascosas hayan pasado prácticamente de largo, como el coche de mister Marshall. Es lo que tienen los nombres feos, te hacen ponerte en lo peor. Por eso Cleopatra ganaba en las distancias cortas. Sea como sea, de algo llamado ciclogénesis explosiva no puedes esperar que tenga muy buen carácter. Al rey de los hunos le bastaba con proclamar: «¡Hola a todos y a todas, soy Atila!». Ni siquiera tenía que añadir el apellido. Si llega a llamarse Ángel o Borja Mari no hubiese resultado tan convincente.
Nuestra ciclogénesis explosiva se quedó en amago. Pero la naturaleza se expresa mediante el humor negro y tiene sus propios plazos. Seguro que, mientras se alejaba de nuestra tierra, anuncio a lo MacArthur: «¡Volveré!». Y, ojo, el general volvió.